viernes, 28 de octubre de 2016

LA TEORÍA DEL ORDEN ESPONTÁNEO Y LA POLITICA DEL MUNDO MODERNO



Las ideas de Friedrich Hayek tuvieron una lenta aceptación en el siglo XX. Si bien el libro de Camino a la servidumbre tuvo un éxito relativo en la época en la fue publicado, no fue sino hasta la década de los ochentas en la que sus ideas empezaron a ser puestas en práctica. Una de las ideas que considero esenciales en su pensamiento es la teoría del orden espontáneo. Siendo una de las bases del liberalismo moderno, Hayek podría ayudarnos a descifrar el futuro del orden político y económico mundial que hoy en día enfrenta una enorme cantidad de cambios. Las ideas del austríaco cobran mayor importancia debido al posible regreso de gobiernos totalitarios hasta el fantasma del socialismo que se niega a desaparecer en muchos países. Incluso en lugares con una vieja tradición liberal como Estados Unidos han tenido una mayor aceptación de las viejas ideas marxistas.
La intención central de este ensayo es considerar la idea del orden espontáneo del liberalismo y establecer la factibilidad del concepto frente a un orden actual internacional tanto en lo político como en lo económico. Me sirvo del texto de Edwin van De Haar para iniciar la argumentación además de Carl Schmitt para contraponer los argumentos sostenidos. Los límites de la libertad individual y colectiva son puestas a debate a vez que se intenta responder la siguiente pregunta: ¿Es posible establecer un orden político internacional bajo los términos del orden espontáneo planteado por Hayek?

Fascismo y totalitarismo

El orden social a cambio de libertad es un mal trato».
Marqués de Sade

El 4 de febrero de 1943 en las ruinas de la ciudad de Stalingrado, los últimos reductos de las fuerzas alemanas conformadas por 11 mil soldados enviaban un mensaje por radio a su nación. Dentro del discurso final se habla del sacrificio hecho en aras de Hitler y su país. Días antes se había rendido la mayoría del ejército alemán por parte del Mariscal de Campo Friedrich Paulus quién se negó a suicidarse por órdenes del führer. Los sobrevivientes, más de 90 mil soldados fueron puestos a disposición del Ejército Rojo, comandado por Josef Stalin quien les dio un trato inhumano al punto de que sólo cinco mil lograron regresar nuevamente a Alemania. Hasta la fecha, la batalla de Stalingrado es considerada como una de las más sangrientas y crueles en la historia de la humanidad.
Considero tomar este suceso como punto de partida para este ensayo. En términos del pensador alemán Carl Schmitt retomo la idea de lo político como aquello que se asienta en su Estado, sus leyes y las armas para defenderlo (Schmitt, 2009) y cuya muestra práctica puede observarse en la mentalidad de los soldados que lucharon en aquella terrible batalla. Lo político en Schmitt encaja perfectamente con la idea que tenía el nazi promedio respecto a las leyes que debía seguir, el Estado al cual debía obedecer y tener las armas para enfrentar a su contraparte dicotómica. Cuando llegó el momento de su rendición en Stalingrado fueron puestos a disposición del general Vasili Chuikov quien se encontraba bajo las ordenes de Stalin, cuya batuta autoritaria no se diferenciaba mucho de los nazis y su líder. Dos países que llevaron el fascismo y el totalitarismo hasta niveles nunca antes vistos. Ambos fueron responsables de una enorme cantidad de muertes innecesarias que definieron gran parte del siglo XX. El socialismo de Stalin duró más tiempo que el nazismo y confirmó la tesis que Hayek había predicho en 1944 en su libro Camino a la Servidumbre. Friedrich tenía conocimiento respecto al socialismo moderno y su forma de operación. Sólo mediante un fuerte gobierno dictatorial -decía- se podría llevar a cabo el sistema socialista (Hayek, 1946).
Tal cual postula Jean-Pierre Fayed (2007)  en la teoría de la herradura, en la ciencia política se establece que los polos extremos del espectro político se parecen. Tanto Hitler como Stalin son prueba de lo que el control político y los estados-nación son capaces de hacer. A pesar de que Alemania representaba la ideología de ultraderecha y la URSS a la izquierda radical, el trato que tuvieron para con su pueblo fue exactamente el mismo.
 Si bien la Unión Soviética sostuvo su sistema totalitario por más tiempo debido a su condición de ganador, cayó bajo la tesis de la imposibilidad del cálculo económico miseano (y otras razones) años más tarde.
Parece ser que, desde la última década del siglo XX hasta la fecha, los intelectuales tanto de izquierda[1] como de derecha consideran al liberalismo como la ideología triunfante en el mundo. El crecimiento económico y desarrollo de los países que en ese entonces eran llamados de Tercer Mundo (el nombre usado hoy en día es Países en vías de desarrollo) consideran confirmar la tesis de Fukuyama y el fin de la Historia. Si bien se atribuye este hecho al triunfo militar de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial, la verdad es que el sistema económico capitalista ha sabido moldearse a los cambios sociales y políticos de los últimos años. A pesar de las crisis suscitadas en varias ocasiones desde 1929, ha sabido recuperarse y continuar como sistema hegemónico. ¿Cuál es la razón de su éxito?
La premisa principal que sostengo en este ensayo es que la teoría del orden espontáneo de Hayek contiene un enorme poder explicativo del sistema económico dominante a la vez que refuta sus ideas antagónicas sostenidas tanto por ideólogos de la izquierda como la derecha. La propia teoría se extiende a otros campos del conocimiento como la sociología, la biología, la física y las matemáticas. En términos darwinianos, el cambio y la adaptabilidad son condiciones determinantes para que un organismo logre su evolución y conservación de la propia vida.
El orden espontáneo fue usado como concepto por primera vez en China de la mano de Zhuangzi (Rothbard, 1990). Es un concepto clave en el movimiento político del anarquismo y el liberalismo laissez faire. En la sociología se ha usado el término desde diversos autores. Niklas Luhman acuño el término de autopoiesis para designar sistemas capaces de reproducirse o mantenerse por sí mismos[2]. En biología se asocia más con la evolución y la capacidad de los organismos de adaptarse a los cambios del entorno en dónde viven. En física se ha generado toda una rama del conocimiento llamada sistemas dinámicos complejos en la que se busca encontrar el punto en el que un objeto con una trayectoria aleatoria genere un patrón o prediga una posibilidad de cambio en caso de que sus condiciones iniciales cambien.
El capitalismo, (o para ser más específicos, el libre mercado) logra emular efectivamente este poder de adaptación propio de la naturaleza y solo es posible su desaparición con base a la fuerza política que sostenga sus enemigos ideológicos.
Edwin Van de Haar (2011) sostiene todavía una tesis más arriesgada. En su artículo Hayekian Spontaneous Order and the International Balance of Power considera que la teoría del orden espontáneo de Hayek explica todo el balance del orden internacional político. El orden y la libertad parecen ser dos grandes leitmotiv de los discursos políticos de los países de hoy en día y Van de Haar se apoya en las ideas clásicas del liberalismo para sostener su argumento. Hume, Smith, Mises y Hayek consideran que el libre mercado tiende, al igual que la naturaleza, a corregir sus propios errores. El autor considera que la falta de un orden internacional eliminaría la posibilidad de la libertad individual (Van De Haar, 2011). El orden es una precondición necesaria para que la vida humana pueda ser viable. Desde el punto de vista de Hayek, el orden espontáneo y sus instituciones son productos de un proceso evolucionario en el que se van eliminando las alternativas menos efectivas (Van De Haar, 2011)

El capitalismo ha resultado tan efectivo en el cambio y la adaptación que hoy en día subsiste en estados-nación que ejercen oficialmente un gobierno socialista[3] (China) o de alta intervención gubernamental como sucede en muchos países europeos. Eso no significa que el sistema no lleve a crisis como la que vivimos en el 2008 cuando los créditos hipotecarios en Estados Unidos y los bonos swap creados por las instituciones financieras llevaron a la quiebra a una enorme cantidad de bancos. Sin embargo, tiene una enorme capacidad para corregir errores y adaptarse a los cambios. Consideremos algunos puntos teóricos de los detractores del capitalismo para contrastar estos postulados.

Las ideas liberales son relativamente nuevas en comparación con los gobiernos sostenidos desde un solo grupo de poder o una cabeza específica de estado. Lo que hemos conocido desde las primeras civilizaciones han sido monarquías, tiranías, repúblicas y otras formas de gobierno en las que lo político tiene un mayor peso que la economía. Es por eso que Carl Schmitt observó un cambio en esta tendencia para el siglo XX y señalo la importancia de conservar la relevancia del Estado. Idea que parece haber sido puesta en práctica con dos guerras mundiales justificadas por motivos económicos, pero llevada a cabo desde la fuerza y orden que da el Estado-nación. Para Schmitt, la guerra es una condición natural de la política (Schmitt, 2009) y puede desaparecer si la dicotomía amigo/enemigo es modificada por las ideas liberales. 

El antagonismo de Schmitt frente al mercado obedece a una historia tanto del pueblo alemán como de el mismo occidente. Maquiavelo, Hobbes y el derecho romano son las claves para entender la crítica de Schmitt a las ideas liberales. Por una parte, el autor considera como modelo de Estado prospero a la república romana ya que fue una de las primeras en entender la dicotomía amigo/enemigo tanto en el interior de Roma como en el exterior del imperio (Schmitt, 2009). La política tuvo un enorme peso tanto en batallas como en decisiones políticas que lo llevaron a prosperar como ningún otro pueblo[4]

Por otro lado, se encuentra Maquiavelo, padre del realismo político que también anhelaba el modelo romano de gobierno y buscaba que las ciudades-estado de la península itálica volvieran a estar unidas como lo estuvieron en la época de Roma. Sólo mediante un poder político fuerte y cohesionado podría recuperar la fuerza que alguna vez tuvo. Lo que vemos es una situación en la que el Estado logra tomar por la fuerza la libertad de otros hombres para sostener su economía o arrebatar mediante el triunfo militar las riquezas de otras naciones. Situación que se emula en el siglo XX cuando el Tercer Reich busca apoderarse de los pozos petroleros que se encontraban en la zona de Stalingrado. La función del gobierno centralizado o totalitario ha sido, según la misma historia, es arrebatar los bienes de otros pueblos o someter las libertades individuales para generar riqueza a través de su explotación. 

Por último, tenemos a Hobbes que entra en la idea schmittiana de libertad. El autor emplea un concepto mecanicista de la libertad. Al contrario de Locke, Hobbes considera que los hombres entrarían en un estado de guerra si estuvieran en el estado de naturaleza hipotético. La libertad momentánea que llegarían a tener seria coartada por otros hombres que tuvieran la capacidad de someter a este único individuo a masa de hombres organizados y jerarquizados. Lo que Schmitt traduciría como la negación del liberalismo individualista:

“La cuestión es, sin embargo, si del concepto puro y consecuente del liberalismo individualista puede llegar a obtenerse una idea específicamente política. La respuesta tiene que ser negativa. Pues la negación de lo político que contiene todo individualismo consecuente conduce desde luego a una práctica política, la de la desconfianza contra todo poder político y forma del Estado imaginable, pero nunca a una teoría positiva propia del Estado y de la política.” (Schmitt, 2009, pág. 98)

Lo que podemos deducir es que la libertad individual en términos liberales supondría asumir una postura política particular, o en su defecto, una despolitización de la vida pública en pos de la propiedad privada y los asuntos políticos pasarían a un segundo plano. En el esquema macro político de Schmitt, una sociedad de esta naturaleza (libre, apolítica y liberal) no tendría cabida sin asumir una postura política respecto aquellos que no siguen sus principios. 

En resumen, la teoría del orden espontaneo es una idea muy común en diversas ramas del conocimiento. A través del orden generado en situaciones caóticas podemos establecer patrones de conducta que sostienen el sistema por un periodo de tiempo determinado. Una de las condiciones para que estos sistemas dinámicos u órdenes espontáneos se mantengan es que no se modifiquen las condiciones iniciales. En política, la condición inicial se da desde la libertad individual. Cuando la libertad se ve condicionada se restringen las posibilidades de un orden espontaneo en otros planos más allá de lo individual. ¿Es posible que pequeños ordenes espontáneos puedan permanecer bajo un orden internacional despótico?

Cuestión que veremos a continuación.

Libertad y orden internacional


“La justicia prevalece en la raza humana en circunstancias de igualdad, y que los poderosos hacen lo que permiten sus fuerzas y los débiles ceden ante ellos” (V.89)
Diálogo de Melios en Historia de la Guerra del Peloponeso. Tucídides
 Conservar la libertad en condiciones de política internacional adversa ha sido una de las discusiones más viejas en la historia de la humanidad. Como ejemplo en occidente tenemos el diálogo de Melios relatado por Tucídides durante la Guerra del Peloponeso. Este diálogo se suscitó entre Atenas y la isla de Melios que deseaba permanecer neutra en la guerra que los atenienses estaban teniendo con Esparta. La principal petición de la isla fue que se respetara su condición de neutralidad en el conflicto que ellos veían ajeno. Los atenienses no deseaban que su poder fuera puesto en duda por permitir la neutralidad de potencias militares menores. Los melianos consideraban que su posición no afectaba una lucha en la que ellos no tenían nada ver. A pesar de los intentos de negociación, los atenienses no aceptaron el pronunciamiento de la isla y la terminaron invadiendo.
Desde el punto de vista de Hayek, el orden espontáneo no está basado en una armonía de intereses, sino en la búsqueda de los intereses propios sin tomar mucho en cuenta los efectos no vistos del exterior (Van De Haar, 2011). En el caso de la isla de Melios, sus políticos tomaron la peor decisión al no aliarse a ninguno de los bandos y permitir que el equilibrio se estableciera desde los intereses egoístas de Atenas que terminó por adherirlos a la fuerza. Este ejemplo sirve a los partidarios del realismo político para demostrar la falsedad del estado de naturaleza lockiano. Es decir, la licitud del Estado está fundamentado en la libertad negativa entendida por Thomas Hobbes (Smith, 2015), quien concebía la libertad como la ausencia de oposición o impedimentos externos al movimiento (Hobbes, 2009)

Esta concepción mecanicista de la libertad en Hobbes tuvo una enorme importancia para refutar el argumento de los individualistas[5] (Smith, 2015).  Hobbes como buen absolutista, cree que todas las leyes restringen la libertad y que sólo en un estado de completa anarquía se podría tener una libertad absoluta. 

Aunque este debate ha sido llevado a la modernidad por autores como G.A. Cohen (Smith, 2015) quien considera que incluso en una sociedad libertaria se restringirían las acciones del individuo (Smith, 2015). Por supuesto el debate es tan viejo que Locke respondió[6] a los alegatos hobbsianos argumentando que la concepción de libertad está mal entendida puesto que: 

“La libertad no es, como ya dijimos, “libertad de hacer cada cual lo que le apetezca”. ¿Quién podría ser libre, cuando la apetencia de cualquier otro hombre pudiera sojuzgarle? Mas se trata de la libertad de disponer y ordenar libremente, como le plazca, de su persona, acciones, posesiones y todos sus bienes…”; en un estado de perfecta libertad, las personas pueden “disponer de sus personas y bienes como lo tuvieren a bien, dentro de los límites de la ley natural, sin pedir permiso o depender de la voluntad de otro hombre alguno”. (Smith, 2015)

La libertad está pues basada en un derecho natural que tienen todos los individuos de ejercer jurisdicción sobre la primera propiedad que poseen: ellos mismos. Cuando traducimos esta libertad a un conjunto de individuos que conforman una sociedad como la que usamos de ejemplo en la isla de Melios, su libertad queda anulada cuando necesitan meterse a una dinámica política más allá de sus propias fronteras. La pregunta que ahora nos haríamos es ¿Cómo puede sostenerse el equilibrio político en un entorno social incierto en el que un solo estado no busque el control de todas aquellas que no están sometidas a él? 

Para responder a esta pregunta nos remitiremos a Michael Polanyi (Van De Haar, 2011) quien sostuvo una amistad con Hayek y acuño el término de orden espontáneo. Para el autor era muy importante definir la idea del orden social y lo especifica como “el orden que viene de sus partes internas y externas… el orden social espontáneo es resultado de permitir que los seres humanos interactúen unos con otros por su propia iniciativa, sujeto solamente a las leyes que se aplican uniformemente a todos ellos (Van De Haar, 2011).
Lo consecuente de esta definición es que el dinero, el lenguaje, los mercados y las comunidades crecen de forma “natural” (Van De Haar, 2011) y sus resultados son inintencionados. De ahí también se deriva el concepto de “vacío de información” que impide que un solo individuo posea todos los conocimientos necesarios para establecer un orden social. 

Identificamos pues, varios de los conceptos de Hayek respecto a su teoría del orden económico: dinámica, efectos inesperados, equilibrio, información dispersa, adaptación y evolución. Estos conceptos como bien dice Van der Haar no sólo se pueden aplicar a un entorno local, sino que podemos extrapolarlos a un escenario político internacional.

Balance y orden político


“El pueblo estadounidense tiene que entender que las armas nucleares estratégicas ponen a toda la humanidad ante una nueva circunstancia, a saber, que por primera vez en la historia la humanidad puede literalmente destruirse.”
Henry Kissinger, declaraciones del 10 de enero de 1977, precisamente antes de dejar su puesto.

Si partimos de la premisa de Clausewitz respecto a la guerra y la política como dos caras de la misma moneda, podemos entender entonces a la guerra nuclear como la última forma política de mediación y sometimiento de los Estados-Nación. La Guerra Fría fue entonces, una nueva forma de conflicto político en el que la aniquilación total del otro era una posibilidad tangible. La resolución final de este conflicto es lo que nos interesa en este apartado. A pesar de que ambas naciones tuvieron el poder de desatar una guerra nuclear, por una u otra razón esto no sucedió. Podemos apelar a muchas explicaciones que expliquen este resultado. Nos atrevemos a pensar solamente en una: el concepto de equilibrio establecido por Hayek. 

Una de las características más peculiares de la Guerra Fría y que la humanidad no había sentido anteriormente era la posibilidad de un ataque nuclear mundial masivo. Durante este periodo hubo varias ocasiones en la que ambos bandos estuvieron a punto[7] de presionar el botón rojo y desatar lo que Kissinger creyó que sería el Apocalipsis. Sin embargo, tras el colapso de la Unión Soviética la sensación de autodestrucción masiva se fue disipando. Aunque hoy en día existen muchos países con armas nucleares y enemigos a los cuales podría arrojar estas armas, la realidad es que este escenario se considera altamente improbable. ¿Por qué? Lo que sucede en un contexto de guerra nuclear podría considerarse en términos de Carl von Clausewitz (2006) como una guerra “absoluta” en el que las repercusiones políticas y sociales de un enfrentamiento de este tipo son incalculables. 

Bernard Brodie[8] (1966) acuño el término de “estrategia de disuasión nuclear” justo después de presenciar el poder destructivo de las bombas nucleares en Hiroshima y Nagasaki y estableció una serie de condiciones por las cuales podemos entender el orden espontáneo hayekiano y lo que hoy en día se considera el orden político moderno. Brodie establece una serie de postulados que definen el significado de las armas nucleares:

1.    Son estratégicamente fundamentales
2.    Son superiores a las fuerzas aéreas y navales
3.    No existe una defensa realista de ellas
4.    Pueden decidir una guerra

El término de Brodie (disuasión-deterrence) significa la capacidad para infligir daño con costos inaceptables y la habilidad para comunicar con credibilidad tus intenciones. Estas definiciones son importantes para entender la estrategia militar nuclear. De acuerdo con el autor, a diferencia de una guerra ordinaria, en un ataque militar, el primer golpe es el que cuenta. Es decir, al decidir un objetivo de ataque estás enviando a la vez un mensaje político ya que antes de realizar el golpe puedes conseguir tu meta política con el simple hecho de la amenaza (Brodie, 1966). En otras palabras, la utilidad del arma atómica no se encuentra en su uso sino en la amenaza de su uso. Si un país tiene la capacidad de hacerle saber a su enemigo que podrá regresarle el golpe con la misma intensidad con el que recibió el primero, podrá disuadirlo de iniciar el ataque. Este método de disuasión es lo que dirigió gran parte de la estrategia americana cuando tuvo por enemigos a la Unión Soviética. 

Durante toda la Guerra Fría ninguno de los dos principales protagonistas dio el primer paso. Podríamos considerar que existió una especie de equilibrio hayekiano tanto como en lo militar como en lo político. Las guerras libradas en países como Afganistán, Cuba o Vietnam fueron convencionales y terminaron por motivos políticos. Nunca fueron lo suficientemente determinantes para marcar una victoria completa de parte de alguno de los contrincantes. 

Por mucho tiempo, el concepto de balance de poderes ha sido muy utilizado en los estudios de relaciones internacionales (Van De Haar, 2011). Antes del siglo XVII, los órdenes políticos se dieron por parte de un grupo hegemónico representado en alguna ciudad-estado, un grupo étnico o un país específico (Van De Haar, 2011). Posteriormente, con el avance del capitalismo y reacomodo de las fuerzas políticas, el nivel de violencia en general fue en descenso. 

Este argumento también es sostenido por Steve Pinker (2011) en su libro The Better Angels of Our Nature en el que atribuye a varios elementos este descenso. Algunos que consideramos de importancia son: 

La creación de los estados-nación que según Pinker desestiman el deseo individual de venganza, ataque o servirse de la violencia para sus propósitos personales[9] (Pinker, 2011). El segundo motivo es referido al incremento del comercio a nivel global gracias a la tecnología que permite intercambiar bienes y servicios con lugares cada vez más lejanos con otras personas que se vuelven socios de intercambio. Esto provoca que la gente se vuelva más valiosa viva que muerta y a la vez se vuelve menos proclive que otros individuos se vuelvan blanco de una posible deshumanización o demonización del otro (Pinker, 2011). Hayek podría coincidir con Pinker en cuanto al aspecto económico y el incremento de paz entre naciones. También atribuye la reducción de violencia a un mayor cosmopolitismo resultado del intercambio de literatura y cultura. Se suma una mayor movilidad humana y la creación de los medios masivos que propicia el intercambio de percepciones del mundo y la vida en el crece el círculo de simpatías respecto a gente que piensa de forma distinta a ellos (Pinker, 2011)

El último motivo de Pinker que nos interesa mencionar es el incremento de la Razón en la resolución de conflictos. Según el autor, el incremento del uso de la razón y el conocimiento en los problemas sociales ha propiciado que el camino del diálogo y el acuerdo mutuo sean la primera opción antes que la violencia, en la que en muchos países se ha visto más como algo que evitar que a utilizar (Pinker, 2011)

Hayek nos habla del concepto de información dispersa[10] desde el punto de vista económico. Si transferimos la idea al orden internacional actual, sabemos, por ejemplo, que un individuo en una posición política en un país no tiene toda la información respecto de lo que su contraparte política quiere o necesita de su país y asume una agenda basada en supuestos de lo que el otro desea y sobre eso parte para negociar intercambios culturales, económicos o políticos respecto a un tema específico. El uso de la información dispersa facilita el balance entre naciones o pueblos a fin de que estos no recurran a la violencia para subsanar sus problemas. La información dispersa es la base de las negociaciones políticas en la era moderna. El mismo Kissinger era consciente de este “vacío” de información entre países e individuos y lo usaba a favor cuando ocupó su puesto como secretario de Estado (Kissinger, 1995).

En resumen, lo que argumentamos es que la Guerra Fría estableció un nuevo tipo de equilibrio político entre las potencias del mundo. A pesar de lo que los políticos puedan llegar a creer, este orden se dio de forma espontánea. Existen muchos argumentos respecto al equilibrio de fuerzas en una guerra nuclear (teoría de juegos, teoría de sistemas), de las cuales solo hemos utilizado la teoría de Brodie. Entendemos un conflicto militar en términos políticos, terreno sobre el cual se terminó disputando el orden mundial. La refutación de este argumento se daría en el momento en el que haya una guerra nuclear. Usamos los argumentos de Pinker para considerar estos tiempos como los más pacíficos de la historia y se lo atribuimos al orden espontáneo también. Gracias al capitalismo, las riquezas se han multiplicado en el mundo en las últimas décadas (Schettino, 2016), la tendencia aún no se ha modificado, aunque podría hacerlo si algún país vuelve a crear desequilibrio. 

Lo que nos quedaría por analizar son los límites del liberalismo y encontrar algún punto válido en sus detractores.

Los límites del liberalismo


 “Hay muchas variantes del liberalismo. Hay un liberalismo de cero-gobierno; anarquista. Hay un liberalismo de gobierno limitado. Comparten un montón en términos de sus valores fundamentales. Si los llevas hasta sus últimos orígenes, son diferentes. No parece importar en la práctica, porque ambos queremos trabajar en la misma dirección.”
Milton Friedman

Si aceptáramos las relaciones dialécticas del mundo que establece Hegel[11], la contraparte reaccionaria del liberalismo y el capitalismo en general tendría sentido. Pero una vez que el Muro de Berlín fue derribado y la fuerza del marxismo fue disminuyendo, la parte antagónica no parece ser del mismo tamaño que su contraparte hegemónica. Los remanentes existentes del “Segundo mundo” tienden a desaparecer o a aislarse completamente del exterior interconectado. 

Por otro lado, los intelectuales de los países que lideran el primer mundo se hacen preguntas respecto al futuro de la civilización bajo los cánones liberales. Sus enemigos están aún muy lejos de desaparecer y en ocasiones parece ser que vuelven a obtener la fuerza que algún tuvieron. Los gobiernos de izquierda en América Latina, el enorme poder de Rusia y China, y el cambio de mentalidad de la sociedad americana que apoya candidatos abiertamente socialistas como Bernie Sanders. 

Siendo un poco más concretos al respecto, lo que hoy amenaza al liberalismo regularmente amenaza también el concepto de libertad y sus muchas acepciones. La posmodernidad y otras corrientes teóricas de la filosofía política como el biopoder han trasladado parte de los problemas actuales a otros espacios sociales en los que parece ser que el liberalismo actual ha permeado. El poder que durante mucho tiempo se percibió en un espacio específico como el poder popular ahora es visto en las esferas de lo privado. Este micropoder parece establecer un orden y control de los individuos en el que pocos dan cuenta de su existencia. Tal cual menciona Byung-Chul Han (2014) en su libro de Psicopolítica, que considera que los mismos ideales del liberalismo son hoy en día las cadenas de muchas personas.  

“Vivimos en una fase histórica especial en la que la libertad misma da lugar a coacciones. La libertad del poder hacer genera incluso más coacciones que el disciplinario deber. El deber tiene un límite. El poder hacer, por el contrario, no tiene ninguno. Es por ello por lo que la coacción que proviene del poder hacer es ilimitada. Nos encontramos, por tanto, en una situación paradójica. La libertad es la contrafigura de la coacción. La libertad, que ha de ser lo contrario de la coacción, genera coacciones. Enfermedades como la depresión y el síndrome de burnout son la expresión de una crisis profunda de la libertad. Son un signo patológico de que hoy la libertad se convierte, por diferentes vías, en coacción.” (Byung-Chul, 2014)

La cinematografía americana hace referencia constante de la idea de la libertad y la importancia de alcanzarla. Sin embargo, existen diversos obstáculos que limitan esa libertad y para algunos autores como Han suelen convertirse en cadenas. Si bien está idea foucaulltiana ha permeado en los politólogos actuales, la verdad es que el libre mercado sigue el concepto de hayekiano de adaptación y evolución. Al ser el individuo el auténtico soberano del hilo conductor de la vida social sus decisiones y gustos quedan expuestas a todo su entorno. En términos que los comunitaristas entenderían, todo individuo posee historia, cultura, y lenguaje que lo hace tener una forma muy particular de pensar que puesto en conjunto lo vuelve una comunidad. Estas ideas son reflejadas en todo lo que produce, situación que hace que sus actitudes y percepciones del mundo sean replicadas en otras partes del mundo. Al estilo del meme, la libertad ha encontrado simpatía en diversos espacios del mundo globalizado. Y sus detractores también han emigrado de continente, idioma y raza. Es posible observar simpatizantes de ideas nazis en los lugares más insospechados del mundo. Es por eso que fenómenos como Occupy Wall Street tuvieron lugar en Estados Unidos pues la mentalidad de sus habitantes ha cambiado mucho en las últimas décadas. 

Si damos por sentado la idea de que todos los individuos desean ser libres y darles libertad de elección podríamos estar afirmando una falacia. La razón principal de esto es la libertad va de la mano con la responsabilidad y el peso de las acciones. En los tiempos de medievo, los individuos no tenían esa preocupación en mente. “Gracias a Dios” habían sido puestos en algún lugar de la sociedad de la que no debían quejarse. Nacer hijo de mozo implicaba aceptar esa condición social como parte del plan del gran jefe. Una vez que el liberalismo y el pensamiento americano[12] se convierten en ideas populares, la gente empieza a sentir una enorme responsabilidad por lo que suceda con su vida. Los que no aceptan este peso y ya no les convence el argumento divino suelen asistir a otro tipo de ideologías en las que un ente como el Estado, el Socialismo, la Justicia Social, el Patriarcado y otras sirven para reducir la carga de la libertad ampliada que el liberalismo ofrece. 

Carl Schmitt le preocupaba que la política fuera sustituida por la economía. Las afirmaciones hechas en la biopolítica de Han sugieren que este hecho ya se dio o se está dando en la mayoría del mundo libre. El sujeto actual se somete a si mismo sin que una fuerza exterior ejerza poder sobre él. La política parece haberse convertido en otra empresa más que busca ganarse a los consumidores por medio del marketing. Ahora los votos tienen una similitud enorme con el dinero del cliente. 

Es importante tomar en cuenta las diferentes caras del liberalismo. Aunque exista una corriente intelectual que sostenga que vivimos en un libre mercado puro, la verdad es que el peso que aún tiene el Estado en el orden social es todavía importante. Por el momento son el ente social que, aunque haya reducido su poder todavía cuenta con el monopolio de la violencia y es capaz de desatarlo en cualquier momento en que la inestabilidad política suceda de forma interna. 

Lo que algunos libertarios no dudan en afirmar es que estamos muy lejos de experimentar el capitalismo en su máxima expresión. El sistema económico de hoy en día todavía tiene un largo camino que recorrer y aspectos que modificar. Uno de ellos, que sigue siendo aceptado por la gente es el concepto de Estado-Nación. El nacionalismo sigue teniendo un enorme peso en la política del siglo XXI. Aunque las ideas liberales permeen la psique de sus habitantes, todavía continúa un tercer jugador en la mesa. ¿Qué podemos esperar de este a futuro? Veamos eso en la última parte del ensayo.

Conectando puntos y prospectiva a futuro


“En un orden espontáneo no pueden evitarse las frustraciones inmerecidas.”
Friedrich Hayek
Hasta el momento hemos visto que las ideas de Hayek no sólo tienen una actualidad presente, sino que también nos hablan de lo que podríamos vislumbrar en el futuro. Primero observamos lo que la idea del Estado totalitario es capaz de realizar si tiene un gran apoyo por parte de la sociedad que gobierna. La libertad es una de las primeras ideas que sale por la borda y el supuesto orden que pregona se obtiene sólo mediante el sometimiento del individuo y sus adversarios. El orden espontáneo, por otro lado, ha tenido su época de apogeo[13] en el que a pesar de la existencia del estado-nación ha logrado mantener la estabilidad mundial gracias a las teorías del equilibrio nuclear que planteamos en este texto. 

Posteriormente observamos las consecuencias de una sociedad mayoritariamente liberal desde el punto de vista de la biopolítica. Aunque el antagonismo intelectual busque las sombras del liberalismo moderno, la verdad es que aún es un sistema tiene que desarrollarse más para corregir los problemas que el orden espontáneo conlleva. Pareciera como si este liberalismo tuviera más en común con el movimiento político de la anarquía que con otro tipo de pensamiento. El liberalismo más puro[14] es todavía rechazado por la mayoría de las sociedades actuales que aún necesitan el resguardo del Estado para sentirse seguros. La tecnología tendrá un enorme papel en el cambio de esta percepción si logra penetrar todos los estratos sociales en la mayoría de los rincones del mundo. Aunque personajes como Luis Villoro (2009) atribuyan la existencia del Estado a una cuestión casi natural del ser humano en su búsqueda por el poder, la lógica hayekiana nos indica que, si bien el Estado no desaparecerá a corto plazo, su existencia y uso se verá cuestionada y reducida en los próximos años. Por supuesto todavía faltan muchos huecos teóricos que se tendrán que reducir para pasar a la realidad. Nozick (1988) se encuentra con una gran cantidad de dilemas cuando discute los postulados de John Rawls. El papel de las instituciones respecto al resguardo de la propiedad privada y la impartición de justicia son dos de los aspectos que seguirán siendo puestos a debate en el futuro. 

Las ideas humanas, cualesquiera que sean, no están intrínsecamente insertadas en la mente de la gente. Evolucionan, cambian y se adaptan según el ambiente en el convivan. Así como el concepto de libertad está presente hoy en la mayoría de los individuos del mundo libre, puede desvanecerse si existe una fuerza más grande sostenga lo contrario. Y en eso reside la importancia del orden espontáneo de Hayek, las frustraciones por mantener el orden humano todavía están por venir.

Bibliografía


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Smith. (30 de Octubre de 2015). Estudiantes por la libertad. Obtenido de http://eslibertad.org/2015/10/30/libertad-negativa-y-positiva/
Van De Haar, E. (2011). Hayekian Spontaneous Order. The Independent Review, 101-118.
Villoro, L. (2009). Tres Retos de la Sociedad por Venir. México: Siglo XXI.



[1] Byung Chul-Han, Zizek, Wallerstein, Dussel, por mencionar algunos.
[2] Aunque en el sentido estricto orden espontaneo y autopoiesis no significan exactamente lo mismo ambos apelan a la autorganización de un elemento especifico.
[3] Considérese la investigación hecha por el Discovery Channel  The People’s Republic of Capitalism para apoyar este punto. 
[4] Es importante entender la larga historia de Roma. Las tesis que sostienen su caída son muy diversas. Tomando en cuenta la perspectiva de Cicerón que vivió en una etapa muy importante del imperio podemos considerar estos motivos: El cambio de régimen político impuesto por Julio César alrededor del año 46 a.C. La rebelión de esclavos que puso en crisis la economía interna de Roma y el constante desgaste militar del imperio para conservar sus límites territoriales
[5] el propósito de un sistema jurídico justo debía ser mejorar y preservar la libertad.
[6] Sir Robert Filmer (el blanco principal de Locke en sus Dos tratados sobre el gobierno civil) había defendido la posición de que “la verdadera libertad es el derecho de cada cual de hacer lo que le apetezca, como guste y no estar sujeto a ley alguna”. (Smith, 2015). Locke respondió directamente a Filmer en diversos textos.
[7] Quizás el caso más citado fue el de Stanislav Petrov y el llamado “equinoccio de otoño” en el que casi se desata una guerra nuclear. Los sistemas soviéticos habían recibido señalas falsas de objetos de calor dirigiéndose hacia la URSS. Petrov desestimó estas señales y no aviso del peligro a sus superiores. Finalmente se identificó que las señales fueron provocadas por una fortuita alineación entre el Sol, la Tierra, y los satélites de detección soviéticos, que hizo que los rayos solares fuesen identificados como señales térmicas propias de un misil balístico (Observador, 2011).
[8] Estratega militar americano.
[9] En este punto no concuerdo del todo con el autor, pero lo expongo a fin de continuar con la argumentación principal.
[10] La información que existe no se puede procesar desde solo un individuo o un grupo de ellos. La gente necesita del mercado para poder intercambiar bienes y servicios que no poseen unos sobre otros y generan información indirecta respecto a los precios de estos bienes. El orden y la riqueza se forman espontáneamente en el libre mercado. (Hayek, 1946)
[11] Y otros más que usan el método dialectico.
[12] Personajes teóricos como Ralph Waldon Emerson, Thomas Jefferson y Henry David Thoreau me vienen a la mente.
[13] Periodo posterior a la Segunda Guerra Mundial y la caída del Muro de Berlín como cúspide del periodo.
[14] Me refiero al anarcocapitalismo.

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