miércoles, 30 de noviembre de 2016

BOURDIEU DESDE UNA MIRADA CRÍTICA



Introducción


            El pensamiento de Pierre Bourdieu ha impactado a la sociología contemporánea en los últimos años. El legado de este autor a la disciplina no sólo es extenso, sino que al sumar a sus propios interpretes completan casi una biblioteca. Durante su vida, Pierre Bourdieu practicó su pensamiento a manera de un arte marcial, defendiéndose desde el plano epistemológico, metodológico e incluso desde la lógica argumental. Personajes como Raymond Aron, Lahire Bernard, Alain Touraine y Bernard Henry Levy son algunos de los críticos y detractores del pensamiento de Pierre Bourdieu que cuestionan bajo diversos ángulos sus conceptos, perspectivas y posturas epistemológicas de toda su obra. Es por eso que nos hemos dado a la tarea de hacer una revisión en conjunto y contestar la siguiente pregunta: ¿Cuáles son los argumentos más valiosos en la crítica al sistema de pensamiento de Pierre Bourdieu?
            Sobra señalar que el propósito de este trabajo es con fines ensayísticos y no exhaustivos por lo que trataremos de ser concisos y analíticos con los autores revisados a fin de arrojar una primera mirada de las obras críticas hacia el autor y dejar el debate abierto a trabajos posteriores. 

Bourdieu y su genealogía

           
Bourdieu contó con un enorme legado sobre el cuál basar tu teoría sociológica. Al enfrentarnos a los textos podemos ver algunos elementos anteriormente vistos por Marx, Weber y Durkheim. La rigurosidad de sus estudios orientados a la sociedad francesa nos hace recordar la sistematicidad y el carácter científico que Emile Durkheim aplicó a sus propias investigaciones.  La lucha entre los agentes en diversos campos y sus usos y apropiaciones del capital con el que cuentan nos hace recordar a la lucha de clases de Marx y las categorías centrales de teoría sociológica no son más que reformulaciones del pensamiento de Max Weber.
            En el texto de Bourdieu Cosas Dichas se le pregunta su postura frente al debate de las diversas corrientes sociológicas y sus paradigmas. El francés es claro y enfático al señalar que estas supuestas oposiciones son meras construcciones ficticias que según él tienen un origen social:
“La sociología de hoy está llena de falsas oposiciones, que mi trabajo me lleva a menudo a superar, sin que yo me proponga esta superación como proyecto. Esas oposiciones son divisiones reales del campo sociológico; tienen un fundamento social, pero ningún fundamento científico… Todas estas oposiciones me parecen completamente ficticias y al mismo tiempo peligrosas, porque conducen a mutilaciones. El ejemplo más típico es la oposición entre un enfoque sé que puede llamar estructuralista, que tiende a captar relaciones objetivas, independientes de las conciencias y de las voluntades individuales, como decía Marx, y un procedimiento fenomenológico, interaccionista o etnometodológico que tiende a captar la experiencia que los agentes hacen realmente de las interacciones, de los contactos sociales, y la contribución que aportan a la construcción mental y práctica de las realidades sociales” (Bourdieu, 1988, pág. 44)
Bourdieu considera que la sociología es muy ambiciosa y en ese mismo afán busca imponer una “manera legítima” de practicar la ciencia, lo que lleva a una competencia científica que buscar justificar su teoría o método bajo una especie de resentimiento epistemológico positivista. El mismo considera necesaria la sociología de la sociología para entender estas posturas que se suelen ver como antagónicas en las academias. La misma teoría bourdiana ve una fuerte correlación entre los tipos de capitales que manejan cada uno de estos investigadores y la forma de sociología que defienden como la única legítima (Bourdieu, 1988). Es por eso que utiliza términos y conceptos de tres autores que normalmente se ven como antagónicos. Sus detractores no se ponen de acuerdo en establecer la postura del autor como marxista o contra-marxista. El conflicto, por ejemplo, es una de las ideas que suele tener en común con Marx. Para Bourdieu, el orden social es violento y antagónico, en ella conviven dominantes y dominados (Lafforgue & Sanyú, 2012, pág. 9).
            La práctica y la teoría son elementos que deben ir juntos en la investigación sociológica considera Bourdieu. Toda teoría baja de una observación empírica y la sociología es observadora y cuestionadora de las instituciones y los discursos establecidos, por lo que el resultado de sus investigaciones llega a ser político (Lafforgue & Sanyú, 2012).  La postura del autor parece ser una especie de Jet Kune Do[1] que enfatiza la necesidad de enfocarse en la realidad e interpretarla antes que fundamentarla bajo una teoría macro social explicadora de cada aspecto.  En ese afán por utilizar todas las herramientas teóricas posibles, Bourdieu logra acrecentar los límites de sus predecesores al ampliar conceptos como capital económico y lucha entre burgueses y proletarios; la dominación es distinta en cada campo en el que se desarrolle y el control social también se ejerce de manera simbólica y cultural.
            La visión científica de la sociología en Bourdieu es tomada de Emile Durkheim. Existen sistema explicativos y coherentes, se dan proposiciones explicativas de hechos empíricamente comprobables (y refutables). Se trabaja de la misma manera que otro colega del área de ciencias naturales y la práctica académica también involucra discusiones grupales, tanteos experimentales y asistencia a congresos. En ese sentido, la sociología del autor es científica y su trabajo es un ejercicio de la ciencia. Lo que nos lleva a pensar que sus propias conclusiones a lo largo de sus libros están también sujetas a la revisión, refutación y ampliación de las mismas.
            Otra de las dicotomías que Bourdieu intentó superar es la de la estructura vs el agente. Weber y el francés coinciden en que es necesario comprender el sentido, las motivaciones, las creencias y los valores de cada individuo para entender su accionar social (Lafforgue & Sanyú, 2012). Colocarse en un plano intermedio generaría una mayor aportación a la investigación social que solamente quedarse con una postura específica. Weber, por supuesto, se queda de lado del individualismo metodológico mientras que Bourdieu postula conceptos como estructura estructurante estructurada para conceder al agente el valor tanto para ser determinado por la estructura, pero a la vez como actor capaz de modificar la estructura si así lo desea[2].
                Quizás el mismo Bourdieu sea uno de los ejemplos más notorios de la afirmación pasada. Y es que los orígenes de este pensador no se dieron en las condiciones más ideales. De origen campesino, Bourdieu nació en un pequeño pueblo cerca de los Pirineos en Francia. Su padre empleado de una oficina postal y su madre campesina dieron al francés una mirada muy distinta del mundo de lo que podría haber sido si hubiera nacido en una ciudad grande bajo la tutela de dos padres con modos de vida burguesa. Su padre era admirador de figuras de la izquierda republicana y gustaba de ayudar a los humildes transmitiendo la actitud de escucharlos y respetarlos. Su madre fue más bien conservadora de los valores campesinos. Bourdieu logró tomar más de su padre que su madre en este aspecto (Lafforgue & Sanyú, 2012). El mismo logró superar los elementos de sus condiciones iniciales para lograr colocarse en una de las posiciones más competitivas y exigentes de la vida francesa: el mundo académico.
La postura de Bourdieu respecto a la teoría y la práctica parece tener también una génesis personal. Al iniciarse en el internado escolar, entendió que la traición, el servilismo, el oportunismo y el racismo basado en el aspecto físico y el apellido. Experiencia de la que obtuvo su visión realista y combativa de las relaciones sociales (Bourdieu, 2006) La duda por la utilidad y sentido de las instituciones en las que fue formado lo llevaron a plantearse la desconfianza necesaria para que en un futuro hiciera una crítica y análisis de ellas.
Otros intelectuales de la época fueron influencia para Bourdieu también. Con el trabajo de Irving Goffman (1972) sobre los internados, se sintió muy identificado y entendió el punto de la sociología interpretativa que más tarde agregaría a sus propios trabajos. Su amistad con Gaston Bachelard y Georges Canguilheim le hizo tomar una postura gris y sombría respecto a la gala de filósofos e intelectuales que participaba de manera activa en la vida política de Francia y fue de ellos quienes tomó su postura de la sociología como ciencia y que retrata en el libro de El Oficio del Sociólogo (Bourdieu, 1975).
La maduración intelectual de Bourdieu pudo haber tenido sus orígenes en su servicio militar realizado en Argelia. Gracias a sus habilidades intelectuales se le asigna un trabajo de escritorio en el que tuvo oportunidad de realizar indagaciones sobre el pueblo argelino. Algunos de sus conceptos posteriores tuvieron un origen en esta experiencia del autor. En su puesto como profesor adjunto de la Facultad de letras de Argelia realiza sus propias investigaciones haciendo uso de fotos, estadísticas, conversaciones y encuestas. En su primer libro La Sociología de Argelia observa la situación actual del país que estaba en medio de una de las revoluciones independentistas más grandes del siglo XX.
            El regreso a Francia de Bourdieu marcaría el final de su etapa formativa en la que abandonaría la filosofía y se centraría más en el trabajo sociológico que desarrolló en Argelia. Varios de los conceptos como habitus, campo, capital cultural, social, económico y simbólico estaban ya gestándose en la mente del francés. Al regresar a la academia centra su atención en la educación y la ciencia. Algunas de las obras que genera en esa época (del 64 al 70 son Los Herederos, La Reproducción y Oficio del Sociólogo. En una tercera etapa (posterior a mayo del 68) Bourdieu se dedica a temas de cultura, clase y poder. La Distinción, Ensayo de una teoría Práctica y el Sentido Práctico son publicadas en esa década.
            Para la década de los 80’s, Pierre Bourdieu es reconocido como el sociólogo vivo más importante de Francia. En esos años publica el Homo Academicus, y La Nobleza de Estado en el que analiza la educación de la década de los 60’s. En los años posteriores y tras la muerte de Sartre toma una postura más pública y se convierte en una figura central de la política francesa y uno de los intelectuales más conocidos en su país. Durante esa última etapa, Bourdieu realiza obras de autoanálisis de su pensamiento y su pensamiento más complejo y profundo salta a la vista en cada una de sus producciones. Es aquí cuando Bourdieu comienza a estar bajo la mira de críticos; la argumentación que utiliza Bourdieu es tachada de densa, con una gran cantidad de ejemplos y usos de estadísticas, tablas y diagramas. Su escritura requiere de un gran esfuerzo para su comprensión y muchos lo califican de ampuloso, confuso y recargado (Lafforgue & Sanyú, 2012). Su misma postura intelectual lo hacen utilizar numerosas referencias literarias para explicar sus argumentos. William Faulkner, Virginia Woolf, Thomas Bernard son algunos de ellos. La necesidad de conocer estos autores a fin de comprender con mayor claridad sus textos hace que tenga que autorizar entrevistas y ponencias para su publicación a fin de alcanzar un público mayor.
Hasta aquí hemos elaborado un panorama general de Bourdieu y su genealogía teórica. Ahora veremos los conceptos más importantes de su teoría para posteriormente pasar al contexto histórico en el que se desenvolvió y en el cual tuvo una participación política activa.

Conceptos bourdianos


Para Bourdieu, la sociedad es un lugar en dónde se deben identificar a los agentes y sus campos. En cada uno de ellos, los agentes sociales predisponen de cierta cantidad de capital que los pone en competencia unos contra otros. En los cambios de la sociedad se dan acumulaciones de capital de diversas índoles en las que uno sirve al otro, por ejemplo, bajo cierto capital social se da una mayor acumulación de capital económico y viceversa. El capital cultural puede ser utilizado para insertarse en lugares específicos en dónde pueda obtenerse capital simbólico y así. Cada uno de estos puede verse materializado bajo distintas formas. Las clases sociales son definidas por estos aspectos y en ocasiones el agente suele tener disparidades en cada uno de sus capitales. El capital cultural, por ejemplo, puede estar en manos de un académico sin mucho capital económico o cierto político de posición elevada puede contar con un capital social alto y no poseer el capital cultural adecuado. Los campos se entrelazan unos con otros y determinan las reglas del juego entre los agentes.
El habitus es también uno de los conceptos centrales en la obra de Bourdieu. Es probable que el autor fuera construyendo la definición de la palabra conforme hacia sus investigaciones Podemos citar al menos siete definiciones proporcionadas por Bourdieu acerca de lo que significa el habitus. Para fines explicativos de este ensayo, hemos tomado solamente dos de ellos:
“Un sistema de disposiciones duraderas y transponibles que, integrando experiencias pasadas, funciona en todo momento como una matriz de percepciones, apreciaciones y acciones que hace posible el logro de infinitas y variadas tareas gracias a transferencias analógicas de esquemas, permitiendo la solución de problemas de formas similares” (Bourdieu, 1971)
La segunda definición es planteada por Nicolas Trajtenberg (2011) quien buscó una interpretación que generalizara la idea general del habitus:
Lo que las personas hacen o buscan hacer es producto tanto de las condiciones objetivas que deben enfrentar como del conjunto de acciones, preferencias, valores, creencias y otros estados mentales, que cumplen un rol decisivo en la percepción e interpretación de dichas condiciones. Este conjunto de estados mentales y formas de actuar son producidos e inculcados sistemáticamente en los individuos en los procesos de socialización temprana, asociados a la pertenencia a una clase social. Ello determina que posean este carácter indisputado, intuitivo, casi instintivo, lo cual le permite a las personas enfrentar y resolver eficazmente los distintos problemas y demandas de la vida cotidiana. El habitus habilita una continuidad entre pasado y presente, permitiendo que las personas recuperen y actualicen las formas más adecuadas y exitosas de resolver problemas anteriormente utilizadas. De esta manera, las personas no están meramente guiadas por la búsqueda de objetivos, ya que se manejan con un repertorio de respuestas preestablecido selectivo y regular, pero al mismo tiempo, no hay un cumplimiento mecánico de normas o reglas aprendidas porque hay un espacio para la improvisación ante la novedad de los diferentes escenarios. (Trajtenberg, 2011, pág. 379)

La construcción del concepto de habitus por parte de Bourdieu lo llevó a hacer una propuesta abarcante de muchos sentidos de la acción social. Es la idea que busca superar la dicotomía de la estructura y el agente que otros teóricos sociales discutieron. Es el concepto clave en la investigación bourdiana. El habitus se combina con otros conceptos de su teoría y determina las condiciones en los cuales el agente decide las estrategias que tomará frente a otros actores dentro de un espacio social específico[3].
            La idea de campo también está presente en la obra de Bourdieu. Existen diversos campos en dónde los agentes se mueven. En ocasiones, dos o más campos se entrecruzan entre sí y cambian el sentido de sus interacciones. Un sacerdote, por ejemplo, puede moverse dentro del campo religioso en su accionar diaria y cambiar sus intenciones y motivaciones si un político lo anima a apoyar su partido político o su agenda electoral. El sacerdote puede cambiar su vida religiosa para obtener favores económicos del candidato o dadivas que le permitan incrementar su dominio espiritual sobre la población en general. Las reglas de cada campo pueden ser diferentes para cada campo y el uso que los agentes le dan a su capital cambian según las reglas internas. Existe un sistema de posiciones y lucha entre cada uno de los agentes que está en el juego. El equilibrio de poderes suele ser desigual y cada agente usa los elementos que tiene a su alcance para luchar contra su contrapar o adquirir mayor capital simbólico, cultural, económico o social según sea el caso. En cada campo también existe un habitus propio de los agentes en juego.
            La violencia simbólica es otra idea clave en Bourdieu. Con una posible raíz de Gramsci, esta categoría de Bourdieu nos permite entender fenómenos presentes en la sociedad. La dominación de las clases, la imposición colonialista, el enfrentamiento ideológico del liberalismo frente a las clases obreras y la imposición de un modo de vida sobre otro. En términos de Bourdieu, lo que logra la violencia simbólica es someter la voluntad de su dominado sin necesidad de acceder a la fuerza física. El sometimiento se presenta como natural para el dominado, ambos actores comparten ideas que perpetúan el status quo de la sociedad. Es una suerte de poder que quizás Foucault también ideó en sus escritos. Esta dominación está presente en muchos aspectos de la vida social e incluso podemos verlo en el lenguaje. Bourdieu usó a la violencia simbólica como forma de interpretar las críticas recibidas a lo largo de su carrera.
            La sociología de Bourdieu es una sociología de relaciones. Cada concepto del autor puede ser definido en sus propios términos, sin embargo, cada uno trabaja en conjunto con otros. En la práctica, podemos utilizar las ideas de Bourdieu uniendo unas con otras. El investigador también debe estar consciente de la posición de la que proviene su mirada, su origen y condición social puede determinar las variantes metodológicas que use en sus investigaciones. El mismo aplicó la reflexividad en sus últimas obras. En Autoanálisis de un Sociólogo (2006) se muestra introspectivo respecto a su propia genealogía como autor. Para él, todos los que ejerzan el oficio deben mantener este aspecto presente.
            Hemos hecho un repaso general sobre los conceptos más utilizados en la obra de Bourdieu. Ahora procederemos a entrelazar la etapa más madura de Bourdieu en tres aspectos: el teórico, el académico y el intelectual político que lo caracterizó en los últimos años de su vida en el que su fama y prestigio estaba ya bien colocada tanto en el escenario local de Francia como en la sociología ejercida en otras partes del mundo.

Bourdieu, el homo academicus galicus

           
Bourdieu fue uno de esos académicos que se vio así mismo bajo una mirada crítica. Desde que su popularidad fue en ascenso y los premios llegaban de todos lados, el intelectual francés se preguntó a sí mismo sino se estaba convirtiendo en aquello que había concebido en sus análisis. Dejó la mirada del investigador que observa a otras culturas extrañas y se centra en mirar analíticamente su propio entorno.  En ella observa los mismos elementos que en otros campos, formas de dominación, usos de capital cultura para la diferenciación entre los agentes y un sistema de jerarquización que utiliza los títulos académicos para marcar diferencias. Este fue una de las primeras demostraciones de la actitud de Bourdieu como un outsider, una persona que se siente extraño en un mundo que no parecía ser el suyo. La primera mirada crítica del autor proviene de él.
            La intelectualidad en Francia posee un habitus propio. Bourdieu había logrado descifrar la manera en la que se desarrollaba la educación francesa en décadas anteriores y cuales habían sido sus consecuencias. Al ser hijo de una familia campesina, Bourdieu sabía que había tenido suerte en haberse colocado en las más altas esferas de estructura social francesa. En los términos teóricos del propio autor, Bourdieu había desarrollado aspectos propios del campo en el que se encontraba. Un alto conocimiento de la cultura y la historia francesa. Un conocimiento sólido de otras disciplinas especializadas (como la filosofía) y un consecuente nivel de abstracción conceptual que se veía reflejado en sus obras. A la par que otros autores contemporáneos, la accesibilidad del conocimiento bourdiano se encontraba cada vez más sesgado por la capacidad del lector en igualar su conocimiento histórico, filosófico y cultural. Bourdieu imitó la complejidad y densidad de los llamados “filósofos continentales”[4] y fue blanco de las críticas por ello. Principalmente de los anglosajones. Los ejemplos sobre su escritura abundan:
“…los habitus se diferencian; pero así mismo son diferenciantes. Distintos y distinguidos, también llevan a cabo distinciones: se ponen en marcha principios de diferenciación diferentes o utilizan de forma diferente los principios de diferenciación comunes(Bourdieu, 1996)

Dale F. Eickelman (1979) escribe en The Political Economy of Meaning un análisis sobre el trabajo realizado por Bourdieu hasta esa época.  Le parece irónico que una de las preocupaciones en La Reproducción es que los autores franceses suelen usar un lenguaje lleno de “slogans de retórica opaca” que deja una “niebla semántica” que limita la capacidad de entendimiento de los resultados (Eickelman, 1979). Mientras que el mismo Bourdieu sufre de la misma claridad expositiva en su texto sobre La Reproducción. Los enunciados claves en el texto normalmente tienen un rango de 120 a 170 palabras. En sus análisis etnográficos sobre los kabiles y el origen de las clases de estudiantes de universidades francesas suele desviarse constantemente de la discusión para hablar de Hesíodo, Wittgenstein, Marx, Weber, Sartre, Hegel, Durkheim, que, si bien son interesantes, pierde fuerza argumental del texto que si hubiera hecho una presentación más concreta (Eickelman, 1979).
Otro autor de la misma época expone argumentos similares en contra de Bourdieu (DiMaggio, 1979). Considera que la prosa del autor es rica en paradojas y cambios de frases. DiMaggio escribe que, a pesar de las críticas de Bourdieu hacia el empirismo, no ofrece una alternativa que brinde suficiente confianza. También crítica el uso de las estadísticas para la sustentación argumental es muy improvisado, al menos para los estándares convencionales. El método de trabajo de Bourdieu parece ser muy buena para formular hipótesis, pero no para resolverlas. Al igual que Eickelman, DiMaggio también considera que existe mucha ambigüedad conceptual en su aparato conceptual. Se enfoca principalmente en el habitus:
“Take, for example, the notion of habitus. Bourdieu asserts that it is inculcated primarily by early childhood experience and that differences in habitus are based, in societies like France-, primarily on social class. Yet the habitus is also transformed by subsequent experience and is influenced by all aspects of the family setting. We are told that the initial habitus is durable but, since it is also transformable, we are never sure just what difference this durability makes, or under what circumstances it makes a difference for what phenomena. This question, that of the stability and plasticity of personality, is one about which Bourdieu has little concrete to say. Similarly, the connection between class position and habitus remains uncertain. Bourdieu suggests the myriad ways in which socialization can, in general, form deep structures of personality and perception. But since he does not establish empirically the relationship between social class and early childhood experience, it seems premature to allege that the habitus of different social classes are fundamentally different. This will raise particular problems for students in the United States, where class differences are less extreme and ethnic differences more salient than in France.” (DiMaggio, 1979, pág. 1468)
En términos de Bourdieu, el habitus se inculca inicialmente por experiencias tempranas de la infancia, pero también puede ser transformado e influenciado por experiencias subsecuentes. Dice que el habitus es durable pero también transformable y no podemos estar seguros acerca que es lo que hace esta durabilidad o bajo qué circunstancias hace diferencias frente a que fenómeno. También vemos que la conexión entre la posición de clase y el habitus permanece incierto. Existen infinitas formas en las que la socialización puede formas estructuras profundas de personalidad y percepción, pero el autor no establece la relación empírica entre clase social y las experiencias tempranas de la vida parece prematuro alegar que el habitus de las diferentes clases sociales son fundamentalmente diferentes. DiMaggio, como podemos leer considera que existiría diferencias menos extremas en Estados Unidos mientras que las diferencias étnicas son más prominentes en ese país.
            También podemos encontrar un problema a la idea de Bourdieu de “causalidad de lo probable”. En momentos, el autor posiciona en una correlación casi exacta entre la intención individual y la aspiración estadísticamente probable del grupo al cual pertenece, mientras que, en otras partes establece que las expectativas de un actor nunca están sincronizadas precisamente a probabilidades objetivas. En otros lados afirma que la perspectiva de su clase está sujeta a pruebas y manipulaciones (DiMaggio, 1979). El crítico considera que si Bourdieu va a usar constantemente esta idea debería especificar bajo qué condiciones las aspiraciones subjetivas están más o menos alineadas con las probabilidades objetivas[5].
            Existen críticas subsecuentes respecto a otras nociones bourdianas. Se plantea la duda respecto al nivel de marxismo que acepta el autor. A pesar de usar conceptos y categorías marxistas, en el plano de la práctica parecen ser más de forma que de fondo. Por ejemplo, Bourdieu parece colocarse como un marxista no materialista, situación que se observa más en sus discusiones de clase y conflicto de clase. La clase para Bourdieu esta difícilmente basada solo en los medios de producción. Los conflictos en los que está más interesado no son entre clases, sino entre fracciones de una misma clase. Las divisiones entre estas fracciones parecen algo oscuras pero que esencialmente recaen en la división del trabajo. La clase para Bourdieu es tanto una categoría Durkheniana de un grupo que comparte experiencias y representaciones colectivas y a la vez una concepción weberiana de un grupo de actores que intentan monopolizar los mercados de diferentes bienes y servicios. La influencia de Marx parece ser más de estilo que de substancia (DiMaggio, 1979).
            Podemos nombrar otras reflexiones críticas hechas a lo largo de las últimas décadas sobre la obra de Bourdieu (especialmente cuando ganó una mayor fama internacional), en las que se refieren principalmente a la enorme paciencia necesaria para entender la gran cantidad de conceptos y neologismos creados por el autor para llegar a entender sus líneas argumentales. Nicolás Trajtenberg recopiló en un párrafo gran parte del vocabulario usado por Bourdieu a lo largo de toda su obra:
“Una lista no exhaustiva de términos empleados por Bourdieu es: habitus, doxa, campo (artístico, social, burocrático, jurídico, literario, del poder), capital (simbólico, social, escolar, cultural, estatal), conversión de capitales, espacio (social, simbólico, político, económico), violencia simbólica, proléptica, hexis, illusio, estructuras (objetivas, cognitivas, mentales), disposiciones, predisposiciones, bienes simbólicos, esquemas (clasificatorios, esquemas de pensamiento, esquemas de percepción), luchas simbólicas, enclasamiento, reenclasamiento, desclasamiento, enclasante, homologías, reproducción (social, cultural), alodoxia, aisance, aisthesis, dominación (cultural, sexual, moral, simbólica), doxósofo, eufemismo, eufemistización, clases, fracciones de clase, inversión, inersión, naturalización, posición, prácticas.” (Trajtenberg, 2011, pág. 3)
Por supuesto, el famoso sociólogo estuvo al tanto de muchas de las críticas que se le hicieron a su obra. Las acciones que decidió tomar para replicarlas fueron varias. En primer lugar, autorizó la publicación de entrevistas y conferencias realizadas por él. Esto con el fin de llegar a un público más amplio. En Cosas Dichas (1988) contesta y aclara muchos de los conceptos mencionados arriba en un lenguaje configurado en el dialogo de un entrevistador y un entrevistado. Más tarde haría un análisis propio de su labor como sociólogo en Autoanálisis de un Sociólogo (2006) y respondería la pregunta que hemos hecho anteriormente: ¿Por qué tiene una escritura tan compleja y densa? A lo que el mismo Bourdieu contestaría:
“el lenguaje complejo es necesario para reflejar una realidad compleja – el lenguaje sencillo es adecuado para desarrollar un relato estereotípico de las sociedades humanas, pero un análisis inteligente requiere más” (Brubaker, 1989)

Sin embargo, sus propios detractores responderían al argumento de Bourdieu. Uno de ellos, John Elster diría que:
“…es falaz presentar una asociación necesaria entre la complejidad de los contenidos y la de las formas. La claridad y simplicidad del argumento no tiene por qué pagar el precio de la superficialidad”. (Elster, 1981)
Y es que Bourdieu hace abuso de su enorme bagaje cultural para proponer enunciados que contienen ideas simples pero que en sus manos se vuelven entramados párrafos de condicionales, (“Es como si”, “todo ocurre como si”) o definiciones negativas (“no es ni esto ni lo otro”) además de paradojas, giros de frases y juegos de palabras.[6] (Trajtenberg, 2011)
Tan sólo para uno de sus conceptos centrales, el habitus, tiene alrededor de siete definiciones cada una con casi todos los elementos del orden cognitivo, actitudinal, motivacional, mental, comportamental sin distinción jerárquica alguna y que funciona como comodín conceptual de la acción social hace que el concepto mismo pierda fuerza teórica, misma que necesita para ganar entendimiento y generar un poder de explicación mucho mayor al que realmente propone[7]. Dice Trajtenberg, “En algunos casos se habla de “sistema de disposiciones”, en otros casos de “principio instalado generativo de improvisaciones reguladas”, otras veces se refiere a él como un “generador de prácticas”. En algunas definiciones habitus es referido como “estructuras” y en otros casos como “matrices”. Incluso hay definiciones donde se habla de “producto de la historia que produce prácticas individuales y colectivas”. (2011, pág. 380)
Los discípulos de Bourdieu han hecho un esfuerzo por sintetizar, aclarar e incluso graficar muchas de sus ideas con el fin de dar una cara más amable a la teoría bourdiana. Wacquant (1995) suele hacer una muy buena síntesis de los aspectos epistemológicos y metodológicos del trabajo de Bourdieu en Respuestas por Una Antropología Reflexiva en el que el mismo Wacquant reconoce las ambigüedades presentes en los textos de su mentor:  La obra de Bourdieu no está exenta de contradicciones, lagunas, tensiones, ambigüedades y preguntas no resueltas, las cuales son en su mayor parte expresamente reconocidas y en ocasiones quizá enfatizadas a lo largo del presente libro (Bourdieu & Wacquant, 1995)
Es Bourdieu el homo academicus galicus que representa muy bien las características de personajes franceses afines a él como Foucault, Sartre y Derrida. Las barreras necesarias para comprender su obra han sido enfrentadas gracias a la enorme cantidad de intelectuales que han hecho un esfuerzo titánico por interpretarlo de la mejor manera, aunque, de paso, han abierto también muchos vacíos en su propuesta teórica.  A continuación, en la última parte de este ensayo, nos enfocaremos en plantear las dudas, las enseñanzas y los debates abiertos que ha dejado en mí Bourdieu y que seguramente serán motivo de posteriores escritos.

Discusiones, reflexiones y aportaciones

           
De un autor tan prolífico (más de 37 libros y 400 artículos) podemos escribir una enorme cantidad de páginas tratando de comprender su pensamiento. En este ensayo hemos hecho un esfuerzo por sintetizar los conceptos centrales, entender su contexto histórico y señalar los puntos ciegos de su teoría que muchos autores (tanto contemporáneos como posteriores a Bourdieu) se han dado a la tarea de analizar. Dale Carnegie solía tener una frase muy famosa en su libro Cómo Ganar Amigos e Influir en Las Personas y es que “Nadie patea a un perro muerto”. Y queda muy bien la frase para ilustrar mi punto, la sociología de Bourdieu sigue presente en el debate sociológico del mundo. Si el francés tenía razón en anunciar a la investigación académica como un campo en el que también existen jugadores que compiten por obtener diferentes tipos de capital y a la vez establecer una relación entre dominantes y dominados; lo que vemos es sus contrapartes es la acción natural de los actores sociales por contrarrestar el maremoto de seguidores y fans que tiene el autor en un espacio en el que Bourdieu es el dominante. Y es aquí donde encontramos una de las fallas que me parece más pertinente hacer: el enorme solipsismo del autor.
El Dr. Ignacio Pérez Barragán escribió en su blog respecto a Pierre Bourdieu:
“Pierre Bourdieu habla de "capital simbólico","habitus", "campo" que fuera de su marco teórico carecen de valor heurístico. La teoría solo acepta la noción de simbólico que ella misma forja. Explica la realidad en sus propios términos. La realidad es determinada por la teoría bourdiana y no al revés: que la realidad lleve a la teoría bourdiana a generar principios explicativos. Para el bourdiano, la realidad ya está contenida en los conceptos de su teoría.” (Pérez, 2014)
La estrategia de respuesta de Pierre Bourdieu a estas críticas tuvo varios caminos. En alguna ocasión mencionó que “no poseían la familiaridad necesaria del contexto original y con la teoría y filosofía continental europea” (Trajtenberg, 2011). En otras ocasiones simplemente ignoró las críticas realizadas, y otras veces llegó a afirmar que las reacciones en su contra eran una simple confirmación de sus tesis[8]. Lejos de tender puentes de entendimiento en la complejidad de la teoría social se avocó a aislarse en sí mismo y su propia Weltanschauung[9]. A diferencia de otros teóricos de áreas distintas a la ciencia social, a Bourdieu le importó poco establecer el diálogo con aquellos con quienes no compartía ninguna opinión[10].
Raymond Boudon, Alain Touraine, Michael Crozier, y Anthony Giddens fueron algunos de los intelectuales con los cuales Bourdieu no tuvo ninguna afinidad teórica. Llegó a afirmar (bajo sus propios conceptos teóricos) que todos estos homólogos de la estructura dominante ejercen la violencia simbólica en sus postulados y buscan establecerse como dominantes en diversos campos (Lafforgue & Sanyú, 2012). Su propia teoría le impidió identificar la posibilidad de diálogo entre aquellos que se mostraban simplemente como enemigos políticos (en el sentido de Carl Schmitt) que buscaban mantener las estructuras existentes. Su rechazo a la neutralidad valorativa y a la idea del diálogo argumentativo al cual abogaba Habermas[11] son imposibles debido a la misma concepción del mundo de Bourdieu.
            Esta es la razón por la cual se le ha apodado a Bourdieu como el dragón de Uroboros, aquél monstruo mitológico que se devora su propia cola. La imposibilidad de diálogo con otras corrientes ajenas a su pensamiento logra el mismo resultado que aquellos que se casan por completo con el constructo teórico del freudismo o el marxismo: la realidad sólo tiene sentido bajo sus propios conceptos.
            Esto no significa que la teoría de Bourdieu no tenga ningún valor. Simplemente establece límites que deben ser bien conocidos por todos aquellos que estén usando su teoría para sus propias investigaciones empíricas. Por ejemplo, el concepto de capital social que no es exclusivo de Bourdieu; podemos encontrar diferentes definiciones que muestran una mirada complementaria a la idea misma. Aunque Bourdieu planteó una definición propia del concepto, fueron autores posteriores a él como Nan Lin (1938) quienes han ampliado tanto la metodología como la genealogía epistemológica del mismo.
            ¿Es Bourdieu un hombre de su tiempo? El Dr. Juan Pablo Vázquez llegó a hacer esta pregunta en forma de afirmación en clase. Muchos de los conceptos del autor tratados bajo la experiencia de Bourdieu (Argelia, la huelga del 68, el sistema educativo francés) ya no son los mismos con los que hoy en día lidiamos. El internet, por ejemplo, ha logrado democratizar gran parte del dialogo existente entre las estructuras del poder y los ciudadanos que la integran[12]. Poco a poco se establecen cambios sociales que permiten situaciones que en la época del francés no habrían sido posibles[13].
            Algunos de los debates que por mi parte continúan abiertos. Desde el punto de vista epistemológico, aún me queda por comprender las diferencias entre el fundamento constructivista-estructuralista de Bourdieu y la postura de John Searle[14]. En el texto de Wacquant pudimos entender que la postura del autor lo lleva hacia estructuralismo genético que básicamente engloba a ambas. Esta especie de arqueología de la acción social me recuerda mucho a la postura metodológica de Foucault (y cómo se ve reflejada en sus textos) y que parece que Bourdieu imita de alguna forma.
            Por último, la aportación que me deja Bourdieu para desarrollo profesional es la sistematicidad y obsesión por abordar un problema con la rigurosidad necesaria. Sus obras más importantes son ejemplos de lo que debe ser el trabajo científico social. A pesar de las divergencias que podemos tener con el autor, no podemos quitarle el mérito que tuvo al haber colocado a la sociología al mismo rango de otras áreas del saber humano.



Bibliografía


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Trajtenberg, N. (2011). ¿Qué hay de malo con la Sociología de Pierre Bourdieu? Revista del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Uruguay, 373-388.



[1] Arte marcial inventado por Bruce Lee en el que se utilizan todas las estrategias de combate para ganar.
[2] Es en este sentido en el que también llegamos a discutir en clase sobre la propuesta teórica de Bourdieu como una teoría que busque el cambio social a través de su compresión. Quizás aquí se distancia más de Marx al establecer que las condiciones están ya dadas y que los agentes por su mismos no pueden generar cambios más allá de su propia voluntad individual.
[3] Más tarde abordaremos el concepto desde una mirada crítica.

[4] Abundan los ejemplos: Heidegger, Foucault, Hegel, Sartre, Derrida.
[5] Es importante entender que para la época en la que se hizo la crítica, Bourdieu quizás no había pulido lo suficiente su marco conceptual que en la década de los 80’s aterrizó más detalladamente. Sin embargo, podemos notar que sus textos han adolecido de falta de claridad desde un inicio.
[6] El ejemplo de la página 10 ilustra muy bien esto.
[7] En este punto le doy un punto a favor a Dr. Juan Pablo que hizo un enorme esfuerzo por esclarecernos la definición del concepto con sus múltiples aplicaciones. El mismo crítico Trajtenberg hizo un buen trabajo de aclaración y definición del concepto (citado en la página 7). Parece ser que el concepto fue moldeado y reconstruido a lo largo de la carrera profesional de Bourdieu y que ahora pudimos entender gracias al análisis de sus investigaciones empíricas.
[8] Una de los ejemplos más obvios que señala Trajtenberg es su contraparte teórica Anthony Giddens, quien también hizo una propuesta al debate agente/estructura y que Bourdieu nunca dialogó. Simplemente llegó a decir que era un “consejero comunicador de los poderosos”, un pensador Neoliberal con una agenda política con miras a legitimar la nueva Nobleza de Estado (Trajtenberg, 2011).
[9] Cosmovisión o "visión del mundo" o en la forma original alemana Weltanschauung (AFI: [vɛlt.ʔan ʃaʊ.ʊŋ]) es una imagen o figura general de la existencia, realidad o "mundo" que una persona, sociedad o cultura se forman en una época determinada; y suele estar compuesta por determinadas percepciones, conceptuaciones y valoraciones sobre dicho entorno. A partir de las cosmovisiones, los agentes cognitivos (sean esas personas o sociedades) interpretan su propia naturaleza y la de todo lo existente, y definen las nociones comunes que aplican a los diversos campos de la vida, desde la política, la economía o la ciencia hasta la religión, la moral o la filosofía. Así que a fin de cuentas se trata de la manera en que una sociedad o persona percibe el mundo y lo interpreta. (fuente: Wikipedia)
[10] Aquí es importante señalar la actitud de físicos, biólogos e incluso economistas que han hecho una gran cantidad de discusiones para lograr establecer un diálogo entre sus posturas. Einstein y Hawking, Hayek y Keynes, Darwin y sus sucesores.
[11] De acuerdo con la teoría de Bourdieu, el comunismo comunicativo que propone Habermas es imposible debido a que el lenguaje sirve también como instrumento de dominación y diferenciación de las clases; por lo que no todos pueden comunicar lo que quieren o desean al estar cooptados por esos mismos instrumentos de dominación.
[12] Sin dejar de tomar en cuenta que no todo el mundo tiene acceso a internet todavía.
[13] Las Primaveras Arabes, por ejemplo. Grupos de equilibrios contra el poder hegemónico como Anonymous.
[14] Los hechos institucionales y las realidades ontológicas objetivas específicamente.

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