Introducción
El
pensamiento de Pierre Bourdieu ha impactado a la sociología contemporánea en
los últimos años. El legado de este autor a la disciplina no sólo es extenso,
sino que al sumar a sus propios interpretes completan casi una biblioteca.
Durante su vida, Pierre Bourdieu practicó su pensamiento a manera de un arte
marcial, defendiéndose desde el plano epistemológico, metodológico e incluso
desde la lógica argumental. Personajes como Raymond Aron, Lahire Bernard, Alain
Touraine y Bernard Henry Levy son algunos de los críticos y detractores del
pensamiento de Pierre Bourdieu que cuestionan bajo diversos ángulos sus
conceptos, perspectivas y posturas epistemológicas de toda su obra. Es por eso
que nos hemos dado a la tarea de hacer una revisión en conjunto y contestar la
siguiente pregunta: ¿Cuáles son los
argumentos más valiosos en la crítica al sistema de pensamiento de Pierre
Bourdieu?
Sobra
señalar que el propósito de este trabajo es con fines ensayísticos y no
exhaustivos por lo que trataremos de ser concisos y analíticos con los autores
revisados a fin de arrojar una primera mirada de las obras críticas hacia el
autor y dejar el debate abierto a trabajos posteriores.
Bourdieu y su genealogía
Bourdieu contó con un enorme legado sobre
el cuál basar tu teoría sociológica. Al enfrentarnos a los textos podemos ver
algunos elementos anteriormente vistos por Marx, Weber y Durkheim. La
rigurosidad de sus estudios orientados a la sociedad francesa nos hace recordar
la sistematicidad y el carácter científico que Emile Durkheim aplicó a sus
propias investigaciones. La lucha entre
los agentes en diversos campos y sus usos y apropiaciones del capital con el
que cuentan nos hace recordar a la lucha de clases de Marx y las categorías
centrales de teoría sociológica no son más que reformulaciones del pensamiento
de Max Weber.
En el
texto de Bourdieu Cosas Dichas se le
pregunta su postura frente al debate de las diversas corrientes sociológicas y
sus paradigmas. El francés es claro y enfático al señalar que estas supuestas
oposiciones son meras construcciones ficticias que según él tienen un origen
social:
“La
sociología de hoy está llena de falsas oposiciones, que mi trabajo me lleva a
menudo a superar, sin que yo me proponga esta superación como proyecto. Esas
oposiciones son divisiones reales del campo sociológico; tienen un fundamento
social, pero ningún fundamento científico… Todas estas oposiciones me parecen
completamente ficticias y al mismo tiempo peligrosas, porque conducen a
mutilaciones. El ejemplo más típico es la oposición entre un enfoque sé que
puede llamar estructuralista, que tiende a captar relaciones objetivas,
independientes de las conciencias y de las voluntades individuales, como decía
Marx, y un procedimiento fenomenológico, interaccionista o etnometodológico que
tiende a captar la experiencia que los agentes hacen realmente de las
interacciones, de los contactos sociales, y la contribución que aportan a la
construcción mental y práctica de las realidades sociales” (Bourdieu,
1988, pág. 44)
Bourdieu considera que la sociología es muy ambiciosa
y en ese mismo afán busca imponer una “manera legítima” de practicar la
ciencia, lo que lleva a una competencia científica que buscar justificar su
teoría o método bajo una especie de resentimiento epistemológico positivista.
El mismo considera necesaria la sociología de la sociología para entender estas
posturas que se suelen ver como antagónicas en las academias. La misma teoría
bourdiana ve una fuerte correlación entre los tipos de capitales que manejan
cada uno de estos investigadores y la forma de sociología que defienden como la
única legítima (Bourdieu, 1988). Es por eso que utiliza términos y
conceptos de tres autores que normalmente se ven como antagónicos. Sus
detractores no se ponen de acuerdo en establecer la postura del autor como
marxista o contra-marxista. El conflicto, por ejemplo, es una de las ideas que
suele tener en común con Marx. Para Bourdieu, el orden social es violento y
antagónico, en ella conviven dominantes y dominados (Lafforgue
& Sanyú, 2012, pág. 9).
La
práctica y la teoría son elementos que deben ir juntos en la investigación sociológica
considera Bourdieu. Toda teoría baja de una observación empírica y la
sociología es observadora y cuestionadora de las instituciones y los discursos
establecidos, por lo que el resultado de sus investigaciones llega a ser
político (Lafforgue & Sanyú, 2012). La postura del autor parece ser una especie
de Jet Kune Do[1] que enfatiza la
necesidad de enfocarse en la realidad e interpretarla antes que fundamentarla
bajo una teoría macro social explicadora de cada aspecto. En ese afán por utilizar todas las
herramientas teóricas posibles, Bourdieu logra acrecentar los límites de sus
predecesores al ampliar conceptos como capital económico y lucha entre
burgueses y proletarios; la dominación es distinta en cada campo en el que se desarrolle y el control social también se ejerce
de manera simbólica y cultural.
La
visión científica de la sociología en Bourdieu es tomada de Emile Durkheim.
Existen sistema explicativos y coherentes, se dan proposiciones explicativas de
hechos empíricamente comprobables (y refutables). Se trabaja de la misma manera
que otro colega del área de ciencias naturales y la práctica académica también
involucra discusiones grupales, tanteos experimentales y asistencia a
congresos. En ese sentido, la sociología del autor es científica y su trabajo
es un ejercicio de la ciencia. Lo que nos lleva a pensar que sus propias
conclusiones a lo largo de sus libros están también sujetas a la revisión,
refutación y ampliación de las mismas.
Otra
de las dicotomías que Bourdieu intentó superar es la de la estructura vs el
agente. Weber y el francés coinciden en que es necesario comprender el sentido,
las motivaciones, las creencias y los valores de cada individuo para entender
su accionar social (Lafforgue & Sanyú, 2012). Colocarse en un
plano intermedio generaría una mayor aportación a la investigación social que
solamente quedarse con una postura específica. Weber, por supuesto, se queda de
lado del individualismo metodológico mientras que Bourdieu postula conceptos
como estructura estructurante
estructurada para conceder al agente el valor tanto para ser determinado
por la estructura, pero a la vez como actor capaz de modificar la estructura si
así lo desea[2].
Quizás
el mismo Bourdieu sea uno de los ejemplos más notorios de la afirmación pasada.
Y es que los orígenes de este pensador no se dieron en las condiciones más
ideales. De origen campesino, Bourdieu nació en un pequeño pueblo cerca de los
Pirineos en Francia. Su padre empleado de una oficina postal y su madre
campesina dieron al francés una mirada muy distinta del mundo de lo que podría
haber sido si hubiera nacido en una ciudad grande bajo la tutela de dos padres
con modos de vida burguesa. Su padre era admirador de figuras de la izquierda
republicana y gustaba de ayudar a los humildes transmitiendo la actitud de
escucharlos y respetarlos. Su madre fue más bien conservadora de los valores
campesinos. Bourdieu logró tomar más de su padre que su madre en este aspecto (Lafforgue
& Sanyú, 2012).
El mismo logró superar los elementos de sus condiciones iniciales para lograr
colocarse en una de las posiciones más competitivas y exigentes de la vida
francesa: el mundo académico.
La postura de Bourdieu respecto a la teoría y la
práctica parece tener también una génesis personal. Al iniciarse en el
internado escolar, entendió que la traición, el servilismo, el oportunismo y el
racismo basado en el aspecto físico y el apellido. Experiencia de la que obtuvo
su visión realista y combativa de las relaciones sociales (Bourdieu, 2006) La duda por la
utilidad y sentido de las instituciones en las que fue formado lo llevaron a
plantearse la desconfianza necesaria para que en un futuro hiciera una crítica
y análisis de ellas.
Otros intelectuales de la época fueron influencia para
Bourdieu también. Con el trabajo de Irving Goffman (1972) sobre los
internados, se sintió muy identificado y entendió el punto de la sociología
interpretativa que más tarde agregaría a sus propios trabajos. Su amistad con
Gaston Bachelard y Georges Canguilheim le hizo tomar una postura gris y sombría
respecto a la gala de filósofos e intelectuales que participaba de manera
activa en la vida política de Francia y fue de ellos quienes tomó su postura de
la sociología como ciencia y que retrata en el libro de El Oficio del Sociólogo (Bourdieu, 1975).
La maduración intelectual de Bourdieu pudo haber
tenido sus orígenes en su servicio militar realizado en Argelia. Gracias a sus
habilidades intelectuales se le asigna un trabajo de escritorio en el que tuvo
oportunidad de realizar indagaciones sobre el pueblo argelino. Algunos de sus
conceptos posteriores tuvieron un origen en esta experiencia del autor. En su
puesto como profesor adjunto de la Facultad de letras de Argelia realiza sus
propias investigaciones haciendo uso de fotos, estadísticas, conversaciones y
encuestas. En su primer libro La
Sociología de Argelia observa la situación actual del país que estaba en
medio de una de las revoluciones independentistas más grandes del siglo XX.
El
regreso a Francia de Bourdieu marcaría el final de su etapa formativa en la que
abandonaría la filosofía y se centraría más en el trabajo sociológico que
desarrolló en Argelia. Varios de los conceptos como habitus, campo, capital cultural, social, económico y simbólico estaban
ya gestándose en la mente del francés. Al regresar a la academia centra su
atención en la educación y la ciencia. Algunas de las obras que genera en esa
época (del 64 al 70 son Los Herederos, La
Reproducción y Oficio del Sociólogo. En una tercera etapa (posterior a mayo
del 68) Bourdieu se dedica a temas de cultura, clase y poder. La Distinción, Ensayo de una teoría Práctica
y el Sentido Práctico son publicadas en esa década.
Para
la década de los 80’s, Pierre Bourdieu es reconocido como el sociólogo vivo más
importante de Francia. En esos años publica el Homo Academicus, y La Nobleza
de Estado en el que analiza la educación de la década de los 60’s. En los
años posteriores y tras la muerte de Sartre toma una postura más pública y se
convierte en una figura central de la política francesa y uno de los
intelectuales más conocidos en su país. Durante esa última etapa, Bourdieu
realiza obras de autoanálisis de su pensamiento y su pensamiento más complejo y
profundo salta a la vista en cada una de sus producciones. Es aquí cuando
Bourdieu comienza a estar bajo la mira de críticos; la argumentación que
utiliza Bourdieu es tachada de densa, con una gran cantidad de ejemplos y usos
de estadísticas, tablas y diagramas. Su escritura requiere de un gran esfuerzo
para su comprensión y muchos lo califican de ampuloso, confuso y recargado (Lafforgue
& Sanyú, 2012).
Su misma postura intelectual lo hacen utilizar numerosas referencias literarias
para explicar sus argumentos. William Faulkner, Virginia Woolf, Thomas Bernard
son algunos de ellos. La necesidad de conocer estos autores a fin de comprender
con mayor claridad sus textos hace que tenga que autorizar entrevistas y
ponencias para su publicación a fin de alcanzar un público mayor.
Hasta aquí hemos elaborado un panorama general de
Bourdieu y su genealogía teórica. Ahora veremos los conceptos más importantes
de su teoría para posteriormente pasar al contexto histórico en el que se
desenvolvió y en el cual tuvo una participación política activa.
Conceptos bourdianos
Para Bourdieu, la sociedad es un lugar en
dónde se deben identificar a los agentes y sus campos. En cada uno de ellos,
los agentes sociales predisponen de cierta cantidad de capital que los pone en
competencia unos contra otros. En los cambios de la sociedad se dan
acumulaciones de capital de diversas índoles en las que uno sirve al otro, por
ejemplo, bajo cierto capital social se da una mayor acumulación de capital
económico y viceversa. El capital cultural puede ser utilizado para insertarse
en lugares específicos en dónde pueda obtenerse capital simbólico y así. Cada
uno de estos puede verse materializado bajo distintas formas. Las clases
sociales son definidas por estos aspectos y en ocasiones el agente suele tener
disparidades en cada uno de sus capitales. El capital cultural, por ejemplo,
puede estar en manos de un académico sin mucho capital económico o cierto
político de posición elevada puede contar con un capital social alto y no
poseer el capital cultural adecuado. Los campos se entrelazan unos con otros y
determinan las reglas del juego entre los agentes.
El
habitus es también uno de los conceptos centrales en la obra de Bourdieu.
Es probable que el autor fuera construyendo la definición de la palabra
conforme hacia sus investigaciones Podemos citar al menos siete definiciones
proporcionadas por Bourdieu acerca de lo que significa el habitus. Para fines explicativos de este ensayo, hemos tomado
solamente dos de ellos:
“Un sistema de disposiciones duraderas y transponibles que, integrando
experiencias pasadas, funciona en todo momento como una matriz de percepciones,
apreciaciones y acciones que hace posible el logro de infinitas y variadas
tareas gracias a transferencias analógicas de esquemas, permitiendo la solución
de problemas de formas similares” (Bourdieu, 1971)
La segunda definición es planteada por Nicolas
Trajtenberg (2011) quien buscó una
interpretación que generalizara la idea general del habitus:
Lo que las
personas hacen o buscan hacer es producto tanto de las condiciones objetivas
que deben enfrentar como del conjunto de acciones, preferencias, valores,
creencias y otros estados mentales, que cumplen un rol decisivo en la
percepción e interpretación de dichas condiciones. Este conjunto de estados
mentales y formas de actuar son producidos e inculcados sistemáticamente en los
individuos en los procesos de socialización temprana, asociados a la
pertenencia a una clase social. Ello determina que posean este carácter
indisputado, intuitivo, casi instintivo, lo cual le permite a las personas
enfrentar y resolver eficazmente los distintos problemas y demandas de la vida
cotidiana. El habitus habilita una
continuidad entre pasado y presente, permitiendo que las personas recuperen y
actualicen las formas más adecuadas y exitosas de resolver problemas
anteriormente utilizadas. De esta manera, las personas no están meramente
guiadas por la búsqueda de objetivos, ya que se manejan con un repertorio de
respuestas preestablecido selectivo y regular, pero al mismo tiempo, no
hay un cumplimiento mecánico de normas o reglas aprendidas porque hay un
espacio para la improvisación ante la novedad de los diferentes
escenarios. (Trajtenberg, 2011, pág. 379)
La construcción del concepto de habitus por parte de Bourdieu lo llevó a hacer una propuesta
abarcante de muchos sentidos de la acción social. Es la idea que busca superar
la dicotomía de la estructura y el agente que otros teóricos sociales
discutieron. Es el concepto clave en la investigación bourdiana. El habitus se combina con otros conceptos
de su teoría y determina las condiciones en los cuales el agente decide las
estrategias que tomará frente a otros actores dentro de un espacio social
específico[3].
La
idea de campo también está presente en la obra de Bourdieu. Existen diversos
campos en dónde los agentes se mueven. En ocasiones, dos o más campos se
entrecruzan entre sí y cambian el sentido de sus interacciones. Un sacerdote,
por ejemplo, puede moverse dentro del campo religioso en su accionar diaria y
cambiar sus intenciones y motivaciones si un político lo anima a apoyar su
partido político o su agenda electoral. El sacerdote puede cambiar su vida
religiosa para obtener favores económicos del candidato o dadivas que le
permitan incrementar su dominio espiritual sobre la población en general. Las
reglas de cada campo pueden ser diferentes para cada campo y el uso que los
agentes le dan a su capital cambian según las reglas internas. Existe un
sistema de posiciones y lucha entre cada uno de los agentes que está en el
juego. El equilibrio de poderes suele ser desigual y cada agente usa los
elementos que tiene a su alcance para luchar contra su contrapar o adquirir
mayor capital simbólico, cultural, económico o social según sea el caso. En
cada campo también existe un habitus propio
de los agentes en juego.
La
violencia simbólica es otra idea clave en Bourdieu. Con una posible raíz de
Gramsci, esta categoría de Bourdieu nos permite entender fenómenos presentes en
la sociedad. La dominación de las clases, la imposición colonialista, el
enfrentamiento ideológico del liberalismo frente a las clases obreras y la
imposición de un modo de vida sobre otro. En términos de Bourdieu, lo que logra
la violencia simbólica es someter la voluntad de su dominado sin necesidad de
acceder a la fuerza física. El sometimiento se presenta como natural para el
dominado, ambos actores comparten ideas que perpetúan el status quo de la sociedad. Es una suerte de poder que quizás
Foucault también ideó en sus escritos. Esta dominación está presente en muchos
aspectos de la vida social e incluso podemos verlo en el lenguaje. Bourdieu usó
a la violencia simbólica como forma de interpretar las críticas recibidas a lo
largo de su carrera.
La
sociología de Bourdieu es una sociología de relaciones. Cada concepto del autor
puede ser definido en sus propios términos, sin embargo, cada uno trabaja en
conjunto con otros. En la práctica, podemos utilizar las ideas de Bourdieu
uniendo unas con otras. El investigador también debe estar consciente de la
posición de la que proviene su mirada, su origen y condición social puede
determinar las variantes metodológicas que use en sus investigaciones. El mismo
aplicó la reflexividad en sus últimas obras. En Autoanálisis de un Sociólogo (2006) se muestra
introspectivo respecto a su propia genealogía como autor. Para él, todos los
que ejerzan el oficio deben mantener este aspecto presente.
Hemos
hecho un repaso general sobre los conceptos más utilizados en la obra de
Bourdieu. Ahora procederemos a entrelazar la etapa más madura de Bourdieu en
tres aspectos: el teórico, el académico y el intelectual político que lo
caracterizó en los últimos años de su vida en el que su fama y prestigio estaba
ya bien colocada tanto en el escenario local de Francia como en la sociología
ejercida en otras partes del mundo.
Bourdieu, el homo academicus galicus
Bourdieu fue uno de esos académicos que se
vio así mismo bajo una mirada crítica. Desde que su popularidad fue en ascenso
y los premios llegaban de todos lados, el intelectual francés se preguntó a sí
mismo sino se estaba convirtiendo en aquello que había concebido en sus
análisis. Dejó la mirada del investigador que observa a otras culturas extrañas
y se centra en mirar analíticamente su propio entorno. En ella observa los mismos elementos que en
otros campos, formas de dominación, usos de capital cultura para la
diferenciación entre los agentes y un sistema de jerarquización que utiliza los
títulos académicos para marcar diferencias. Este fue una de las primeras
demostraciones de la actitud de Bourdieu como un outsider, una persona que se siente extraño en un mundo que no
parecía ser el suyo. La primera mirada crítica del autor proviene de él.
La
intelectualidad en Francia posee un habitus
propio. Bourdieu había logrado descifrar la manera en la que se
desarrollaba la educación francesa en décadas anteriores y cuales habían sido
sus consecuencias. Al ser hijo de una familia campesina, Bourdieu sabía que había
tenido suerte en haberse colocado en las más altas esferas de estructura social
francesa. En los términos teóricos del propio autor, Bourdieu había
desarrollado aspectos propios del campo en el que se encontraba. Un alto
conocimiento de la cultura y la historia francesa. Un conocimiento sólido de
otras disciplinas especializadas (como la filosofía) y un consecuente nivel de
abstracción conceptual que se veía reflejado en sus obras. A la par que otros
autores contemporáneos, la accesibilidad del conocimiento bourdiano se
encontraba cada vez más sesgado por la capacidad del lector en igualar su
conocimiento histórico, filosófico y cultural. Bourdieu imitó la complejidad y
densidad de los llamados “filósofos continentales”[4] y
fue blanco de las críticas por ello. Principalmente de los anglosajones. Los
ejemplos sobre su escritura abundan:
“…los habitus se diferencian; pero así
mismo son diferenciantes. Distintos y distinguidos, también llevan a cabo
distinciones: se ponen en marcha principios de diferenciación diferentes o
utilizan de forma diferente los principios de diferenciación comunes” (Bourdieu, 1996)
Dale F. Eickelman (1979) escribe en The Political Economy of Meaning un
análisis sobre el trabajo realizado por Bourdieu hasta esa época. Le parece irónico que una de las preocupaciones
en La Reproducción es que los autores
franceses suelen usar un lenguaje lleno de “slogans de retórica opaca” que deja
una “niebla semántica” que limita la capacidad de entendimiento de los
resultados (Eickelman, 1979). Mientras que el
mismo Bourdieu sufre de la misma claridad expositiva en su texto sobre La Reproducción. Los enunciados claves
en el texto normalmente tienen un rango de 120 a 170 palabras. En sus análisis
etnográficos sobre los kabiles y el origen de las clases de estudiantes de
universidades francesas suele desviarse constantemente de la discusión para hablar
de Hesíodo, Wittgenstein, Marx, Weber, Sartre, Hegel, Durkheim, que, si bien
son interesantes, pierde fuerza argumental del texto que si hubiera hecho una
presentación más concreta (Eickelman, 1979).
Otro autor de la misma época expone argumentos
similares en contra de Bourdieu (DiMaggio, 1979). Considera que la
prosa del autor es rica en paradojas y cambios de frases. DiMaggio escribe que,
a pesar de las críticas de Bourdieu hacia el empirismo, no ofrece una
alternativa que brinde suficiente confianza. También crítica el uso de las
estadísticas para la sustentación argumental es muy improvisado, al menos para
los estándares convencionales. El método de trabajo de Bourdieu parece ser muy
buena para formular hipótesis, pero no para resolverlas. Al igual que
Eickelman, DiMaggio también considera que existe mucha ambigüedad conceptual en
su aparato conceptual. Se enfoca principalmente en el habitus:
“Take,
for example, the notion of habitus. Bourdieu asserts that it is inculcated
primarily by early childhood experience and that differences in habitus are
based, in societies like France-, primarily on social class. Yet the habitus is
also transformed by subsequent experience and is influenced by all aspects of
the family setting. We are told that the initial habitus is durable but, since
it is also transformable, we are never sure just what difference this
durability makes, or under what circumstances it makes a difference for what
phenomena. This question, that of the stability and plasticity of personality,
is one about which Bourdieu has little concrete to say. Similarly, the
connection between class position and habitus remains uncertain. Bourdieu
suggests the myriad ways in which socialization can, in general, form deep
structures of personality and perception. But since he does not establish
empirically the relationship between social class and early childhood
experience, it seems premature to allege that the habitus of different social
classes are fundamentally different. This will raise particular problems for
students in the United States, where class differences are less extreme and
ethnic differences more salient than in France.” (DiMaggio,
1979, pág. 1468)
En
términos de Bourdieu, el habitus se
inculca inicialmente por experiencias tempranas de la infancia, pero también
puede ser transformado e influenciado por experiencias subsecuentes. Dice que
el habitus es durable pero también
transformable y no podemos estar seguros acerca que es lo que hace esta
durabilidad o bajo qué circunstancias hace diferencias frente a que fenómeno. También
vemos que la conexión entre la posición de clase y el habitus permanece incierto. Existen infinitas formas en las que la
socialización puede formas estructuras profundas de personalidad y percepción,
pero el autor no establece la relación empírica entre clase social y las
experiencias tempranas de la vida parece prematuro alegar que el habitus de las
diferentes clases sociales son fundamentalmente diferentes. DiMaggio, como
podemos leer considera que existiría diferencias menos extremas en Estados
Unidos mientras que las diferencias étnicas son más prominentes en ese país.
También podemos encontrar un
problema a la idea de Bourdieu de “causalidad de lo probable”. En momentos, el
autor posiciona en una correlación casi exacta entre la intención individual y
la aspiración estadísticamente probable del grupo al cual pertenece, mientras que,
en otras partes establece que las expectativas de un actor nunca están
sincronizadas precisamente a probabilidades objetivas. En otros lados afirma
que la perspectiva de su clase está sujeta a pruebas y manipulaciones (DiMaggio, 1979). El crítico
considera que si Bourdieu va a usar constantemente esta idea debería
especificar bajo qué condiciones las aspiraciones subjetivas están más o menos
alineadas con las probabilidades objetivas[5].
Existen críticas subsecuentes
respecto a otras nociones bourdianas. Se plantea la duda respecto al nivel de
marxismo que acepta el autor. A pesar de usar conceptos y categorías marxistas,
en el plano de la práctica parecen ser más de forma que de fondo. Por ejemplo,
Bourdieu parece colocarse como un marxista no materialista, situación que se
observa más en sus discusiones de clase y conflicto de clase. La clase para
Bourdieu esta difícilmente basada solo en los medios de producción. Los
conflictos en los que está más interesado no son entre clases, sino entre
fracciones de una misma clase. Las divisiones entre estas fracciones parecen
algo oscuras pero que esencialmente recaen en la división del trabajo. La clase
para Bourdieu es tanto una categoría Durkheniana de un grupo que comparte
experiencias y representaciones colectivas y a la vez una concepción weberiana
de un grupo de actores que intentan monopolizar los mercados de diferentes
bienes y servicios. La influencia de Marx parece ser más de estilo que de
substancia (DiMaggio, 1979).
Podemos nombrar otras reflexiones
críticas hechas a lo largo de las últimas décadas sobre la obra de Bourdieu
(especialmente cuando ganó una mayor fama internacional), en las que se
refieren principalmente a la enorme paciencia necesaria para entender la gran
cantidad de conceptos y neologismos creados por el autor para llegar a entender
sus líneas argumentales. Nicolás Trajtenberg recopiló en un párrafo gran parte
del vocabulario usado por Bourdieu a lo largo de toda su obra:
“Una
lista no exhaustiva de términos empleados por Bourdieu es: habitus, doxa, campo
(artístico, social, burocrático, jurídico, literario, del poder), capital
(simbólico, social, escolar, cultural, estatal), conversión de capitales,
espacio (social, simbólico, político, económico), violencia simbólica,
proléptica, hexis, illusio, estructuras (objetivas, cognitivas, mentales),
disposiciones, predisposiciones, bienes simbólicos, esquemas (clasificatorios,
esquemas de pensamiento, esquemas de percepción), luchas simbólicas,
enclasamiento, reenclasamiento, desclasamiento, enclasante, homologías,
reproducción (social, cultural), alodoxia, aisance, aisthesis, dominación (cultural,
sexual, moral, simbólica), doxósofo, eufemismo, eufemistización, clases,
fracciones de clase, inversión, inersión, naturalización, posición, prácticas.” (Trajtenberg,
2011, pág. 3)
Por supuesto, el famoso sociólogo estuvo al tanto de
muchas de las críticas que se le hicieron a su obra. Las acciones que decidió
tomar para replicarlas fueron varias. En primer lugar, autorizó la publicación
de entrevistas y conferencias realizadas por él. Esto con el fin de llegar a un
público más amplio. En Cosas Dichas (1988) contesta y
aclara muchos de los conceptos mencionados arriba en un lenguaje configurado en
el dialogo de un entrevistador y un entrevistado. Más tarde haría un análisis
propio de su labor como sociólogo en Autoanálisis
de un Sociólogo (2006) y respondería la
pregunta que hemos hecho anteriormente: ¿Por qué tiene una escritura tan
compleja y densa? A lo que el mismo Bourdieu contestaría:
“el
lenguaje complejo es necesario para reflejar una realidad compleja – el
lenguaje sencillo es adecuado para desarrollar un relato estereotípico de las
sociedades humanas, pero un análisis inteligente requiere más” (Brubaker,
1989)
Sin
embargo, sus propios detractores responderían al argumento de Bourdieu. Uno de
ellos, John Elster diría que:
“…es falaz presentar una
asociación necesaria entre la complejidad de los contenidos y la de las formas.
La claridad y simplicidad del argumento no tiene por qué pagar el precio de la
superficialidad”. (Elster, 1981)
Y es que Bourdieu hace abuso de su enorme bagaje
cultural para proponer enunciados que contienen ideas simples pero que en sus
manos se vuelven entramados párrafos de condicionales, (“Es como si”, “todo
ocurre como si”) o definiciones negativas (“no es ni esto ni lo otro”) además
de paradojas, giros de frases y juegos de palabras.[6] (Trajtenberg,
2011)
Tan sólo para uno de sus conceptos centrales, el habitus, tiene alrededor de siete
definiciones cada una con casi todos los elementos del orden cognitivo,
actitudinal, motivacional, mental, comportamental sin distinción jerárquica
alguna y que funciona como comodín
conceptual de la acción social hace que el concepto mismo pierda fuerza
teórica, misma que necesita para ganar entendimiento y generar un poder de
explicación mucho mayor al que realmente propone[7]. Dice
Trajtenberg, “En
algunos casos se habla de “sistema de disposiciones”, en otros casos de
“principio instalado generativo de improvisaciones reguladas”, otras veces se
refiere a él como un “generador de prácticas”. En algunas definiciones habitus
es referido como “estructuras” y en otros casos como “matrices”. Incluso hay
definiciones donde se habla de “producto de la historia que produce prácticas
individuales y colectivas”. (2011, pág.
380)
Los discípulos de Bourdieu han hecho un esfuerzo por
sintetizar, aclarar e incluso graficar muchas de sus ideas con el fin de dar
una cara más amable a la teoría bourdiana. Wacquant (1995) suele hacer una muy
buena síntesis de los aspectos epistemológicos y metodológicos del trabajo de
Bourdieu en Respuestas por Una
Antropología Reflexiva en el que el mismo Wacquant reconoce las
ambigüedades presentes en los textos de su mentor: “La
obra de Bourdieu no está exenta de contradicciones, lagunas, tensiones,
ambigüedades y preguntas no resueltas, las cuales son en su mayor parte
expresamente reconocidas y en ocasiones quizá enfatizadas a lo largo del
presente libro” (Bourdieu
& Wacquant, 1995)
Es Bourdieu el homo
academicus galicus que representa muy bien las características de
personajes franceses afines a él como Foucault, Sartre y Derrida. Las barreras
necesarias para comprender su obra han sido enfrentadas gracias a la enorme
cantidad de intelectuales que han hecho un esfuerzo titánico por interpretarlo
de la mejor manera, aunque, de paso, han abierto también muchos vacíos en su
propuesta teórica. A continuación, en la
última parte de este ensayo, nos enfocaremos en plantear las dudas, las
enseñanzas y los debates abiertos que ha dejado en mí Bourdieu y que
seguramente serán motivo de posteriores escritos.
Discusiones, reflexiones y aportaciones
De un autor tan prolífico (más de 37
libros y 400 artículos) podemos escribir una enorme cantidad de páginas
tratando de comprender su pensamiento. En este ensayo hemos hecho un esfuerzo
por sintetizar los conceptos centrales, entender su contexto histórico y
señalar los puntos ciegos de su teoría que muchos autores (tanto contemporáneos
como posteriores a Bourdieu) se han dado a la tarea de analizar. Dale Carnegie
solía tener una frase muy famosa en su libro Cómo Ganar Amigos e Influir en Las Personas y es que “Nadie patea a
un perro muerto”. Y queda muy bien la frase para ilustrar mi punto, la
sociología de Bourdieu sigue presente en el debate sociológico del mundo. Si el
francés tenía razón en anunciar a la investigación académica como un campo en
el que también existen jugadores que compiten por obtener diferentes tipos de
capital y a la vez establecer una relación entre dominantes y dominados; lo que
vemos es sus contrapartes es la acción natural de los actores sociales por
contrarrestar el maremoto de seguidores y fans
que tiene el autor en un espacio en el que Bourdieu es el dominante. Y es aquí
donde encontramos una de las fallas que me parece más pertinente hacer: el
enorme solipsismo del autor.
El Dr. Ignacio Pérez Barragán escribió en su blog
respecto a Pierre Bourdieu:
“Pierre Bourdieu
habla de "capital simbólico","habitus", "campo"
que fuera de su marco teórico carecen de valor heurístico. La teoría solo
acepta la noción de simbólico que ella misma forja. Explica la realidad en sus
propios términos. La realidad es determinada por la teoría bourdiana y no al
revés: que la realidad lleve a la teoría bourdiana a generar principios
explicativos. Para el bourdiano, la realidad ya está contenida en los conceptos
de su teoría.” (Pérez, 2014)
La estrategia de respuesta de Pierre Bourdieu a estas
críticas tuvo varios caminos. En alguna ocasión mencionó que “no poseían la familiaridad
necesaria del contexto original y con la teoría y filosofía continental
europea” (Trajtenberg, 2011). En otras ocasiones simplemente ignoró las críticas
realizadas, y otras veces llegó a afirmar que las reacciones en su contra eran
una simple confirmación de sus tesis[8].
Lejos de tender puentes de entendimiento en la complejidad de la teoría social
se avocó a aislarse en sí mismo y su propia
Weltanschauung[9].
A diferencia de otros teóricos de áreas distintas a la ciencia social, a
Bourdieu le importó poco establecer el diálogo con aquellos con quienes no
compartía ninguna opinión[10].
Raymond Boudon, Alain Touraine, Michael Crozier, y
Anthony Giddens fueron algunos de los intelectuales con los cuales Bourdieu no
tuvo ninguna afinidad teórica. Llegó a afirmar (bajo sus propios conceptos
teóricos) que todos estos homólogos de la estructura dominante ejercen la
violencia simbólica en sus postulados y buscan establecerse como dominantes en
diversos campos (Lafforgue & Sanyú, 2012). Su propia teoría le
impidió identificar la posibilidad de diálogo entre aquellos que se mostraban
simplemente como enemigos políticos (en el sentido de Carl Schmitt) que
buscaban mantener las estructuras existentes. Su rechazo a la neutralidad
valorativa y a la idea del diálogo argumentativo al cual abogaba Habermas[11]
son imposibles debido a la misma concepción del mundo de Bourdieu.
Esta
es la razón por la cual se le ha apodado a Bourdieu como el dragón de Uroboros, aquél monstruo
mitológico que se devora su propia cola. La imposibilidad de diálogo con otras
corrientes ajenas a su pensamiento logra el mismo resultado que aquellos que se
casan por completo con el constructo teórico del freudismo o el marxismo: la
realidad sólo tiene sentido bajo sus propios conceptos.
Esto
no significa que la teoría de Bourdieu no tenga ningún valor. Simplemente
establece límites que deben ser bien conocidos por todos aquellos que estén
usando su teoría para sus propias investigaciones empíricas. Por ejemplo, el
concepto de capital social que no es exclusivo
de Bourdieu; podemos encontrar diferentes definiciones que muestran una mirada
complementaria a la idea misma. Aunque Bourdieu planteó una definición propia
del concepto, fueron autores posteriores a él como Nan Lin (1938) quienes han
ampliado tanto la metodología como la genealogía epistemológica del mismo.
¿Es
Bourdieu un hombre de su tiempo? El Dr. Juan Pablo Vázquez llegó a hacer esta
pregunta en forma de afirmación en clase. Muchos de los conceptos del autor
tratados bajo la experiencia de Bourdieu (Argelia, la huelga del 68, el sistema
educativo francés) ya no son los mismos con los que hoy en día lidiamos. El
internet, por ejemplo, ha logrado democratizar gran parte del dialogo existente
entre las estructuras del poder y los ciudadanos que la integran[12].
Poco a poco se establecen cambios sociales que permiten situaciones que en la
época del francés no habrían sido posibles[13].
Algunos
de los debates que por mi parte continúan abiertos. Desde el punto de vista
epistemológico, aún me queda por comprender las diferencias entre el fundamento
constructivista-estructuralista de Bourdieu y la postura de John Searle[14].
En el texto de Wacquant pudimos entender que la postura del autor lo lleva
hacia estructuralismo genético que
básicamente engloba a ambas. Esta especie de arqueología de la acción social me
recuerda mucho a la postura metodológica de Foucault (y cómo se ve reflejada en
sus textos) y que parece que Bourdieu imita de alguna forma.
Por
último, la aportación que me deja Bourdieu para desarrollo profesional es la
sistematicidad y obsesión por abordar un problema con la rigurosidad necesaria.
Sus obras más importantes son ejemplos de lo que debe ser el trabajo científico
social. A pesar de las divergencias que podemos tener con el autor, no podemos
quitarle el mérito que tuvo al haber colocado a la sociología al mismo rango de
otras áreas del saber humano.
Bibliografía
Bourdieu, P. (1971). Knowledge and Control: New
Directions for the Sociology of Education. London: Collier Macmillian.
Bourdieu, P. (1975). El Oficio del
Sociólogo. Buenos Aires: Siglo XXI.
Bourdieu, P. (1988). Cosas Dichas.
Buenos Aires: Gedisa.
Bourdieu, P. (1996). Razones
Prácticas. Sobre la Teoría de la Acción. Barcelona: Anagrama.
Bourdieu, P. (2006). Autoanálisis
de un sociólogo. Barcelona: Anagrama.
Bourdieu, P., & Wacquant, L.
(1995). Respuestas por una antropología reflexiva. México: Grijalbo.
Brubaker, R. (1989). Review of
Bourdieu´s “Choses Dites”. Contemporary Sociology, 783-784.
DiMaggio, P. (1979). On Pierre
Bourdieu. American Journal of Sociology, 1460-1474.
Eickelman, D. F. (Mayo de 1979). The
Political Economy of Meaning. American Ethnologist, 6(2), 383-396.
Obtenido de http://www.jstor.org/stable/643839
Elster,
J. (1981). Snobs (Review of Pierre Bourdieu (1979), La Distinction). London
Review of Books, 10-12.
Goffman,
E. (1972). Internados : ensayos sobre la situación social de los enfermos
mentales. Buenos Aires: Amorrortu.
Lafforgue,
M., & Sanyú. (2012). Pierre Bourdieu para Principiantes. Buenos
Aires: Era Naciente.
Pérez,
B. I. (28 de Julio de 2014). Ignacio Pérez Barragán. Obtenido de Sobre
la Industria Cultural, Bourdieu, García Canclini y otros Males:
http://ignacioperezbarragan.blogspot.mx/2014/07/sobre-la-industria-cultural-bourdieu.html
Trajtenberg,
N. (2011). ¿Qué hay de malo con la Sociología de Pierre Bourdieu? Revista
del Departamento de Ciencias Sociales de la Universidad de Uruguay,
373-388.
[1]
Arte marcial inventado por Bruce Lee en el que se utilizan todas las
estrategias de combate para ganar.
[2]
Es en este sentido en el que también llegamos a discutir en clase sobre la
propuesta teórica de Bourdieu como una teoría que busque el cambio social a
través de su compresión. Quizás aquí se distancia más de Marx al establecer que
las condiciones están ya dadas y que los agentes por su mismos no pueden
generar cambios más allá de su propia voluntad individual.
[3]
Más tarde abordaremos el concepto desde
una mirada crítica.
[4]
Abundan los ejemplos: Heidegger, Foucault, Hegel, Sartre, Derrida.
[5]
Es importante entender que para la época en la que se hizo la crítica, Bourdieu
quizás no había pulido lo suficiente su marco conceptual que en la década de
los 80’s aterrizó más detalladamente. Sin embargo, podemos notar que sus textos
han adolecido de falta de claridad desde un inicio.
[6] El
ejemplo de la página 10 ilustra muy bien esto.
[7]
En este punto le doy un punto a favor a Dr. Juan Pablo que hizo un enorme
esfuerzo por esclarecernos la definición del concepto con sus múltiples
aplicaciones. El mismo crítico Trajtenberg hizo un buen trabajo de aclaración y
definición del concepto (citado en la página 7). Parece ser que el concepto fue
moldeado y reconstruido a lo largo de la carrera profesional de Bourdieu y que
ahora pudimos entender gracias al análisis de sus investigaciones empíricas.
[8]
Una de los ejemplos más obvios que señala Trajtenberg es su contraparte teórica
Anthony Giddens, quien también hizo una propuesta al debate agente/estructura y
que Bourdieu nunca dialogó. Simplemente llegó a decir que era un “consejero
comunicador de los poderosos”, un pensador Neoliberal con una agenda política
con miras a legitimar la nueva Nobleza de Estado (Trajtenberg,
2011).
[9]
Cosmovisión o "visión del mundo" o en la forma original alemana
Weltanschauung (AFI: [vɛlt.ʔan ʃaʊ.ʊŋ]) es una imagen o figura general de la
existencia, realidad o "mundo" que una persona, sociedad o cultura se
forman en una época determinada; y suele estar compuesta por determinadas
percepciones, conceptuaciones y valoraciones sobre dicho entorno. A partir de
las cosmovisiones, los agentes cognitivos (sean esas personas o sociedades)
interpretan su propia naturaleza y la de todo lo existente, y definen las
nociones comunes que aplican a los diversos campos de la vida, desde la
política, la economía o la ciencia hasta la religión, la moral o la filosofía.
Así que a fin de cuentas se trata de la manera en que una sociedad o persona
percibe el mundo y lo interpreta. (fuente: Wikipedia)
[10]
Aquí es importante señalar la actitud de físicos, biólogos e incluso
economistas que han hecho una gran cantidad de discusiones para lograr
establecer un diálogo entre sus posturas. Einstein y Hawking, Hayek y Keynes,
Darwin y sus sucesores.
[11]
De acuerdo con la teoría de Bourdieu, el comunismo
comunicativo que propone Habermas es imposible debido a que el lenguaje
sirve también como instrumento de dominación y diferenciación de las clases;
por lo que no todos pueden comunicar lo que quieren o desean al estar cooptados
por esos mismos instrumentos de dominación.
[12]
Sin dejar de tomar en cuenta que no todo el mundo tiene acceso a internet
todavía.
[13]
Las Primaveras Arabes, por ejemplo. Grupos de equilibrios contra el poder
hegemónico como Anonymous.
[14]
Los hechos institucionales y las realidades ontológicas objetivas
específicamente.
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