domingo, 29 de mayo de 2016

TRABAJO, POSMODERNIDAD Y RELACIONES SOCIALES

Este trabajo fue hecho para la maestría que estoy haciendo actualmente. Pueden checar el resumen del mismo al principio del texto.



Introducción


El presente ensayo tiene por objetivo observar el trabajo de la actualidad desde la perspectiva de la posmodernidad. Para lograr este objetivo se partirá desde la genealogía del concepto. Una vez logrado este objetivo, nos centraremos en ver cuál es el debate que ha habido respecto a la dicotomía modernidad/posmodernidad y como este se inserta en el tema laboral. Debido a la relación cercana con el tema, las relaciones modernas que generan los nuevos esquemas de trabajo serán también asunto de interés para este ensayo. La pregunta a resolver será: ¿Podemos pensar el trabajo en términos posmodernos?

Lo moderno como concepto

    
“La cultura líquida moderna ya no siente que es una cultura de aprendizaje y acumulación, como las culturas registradas en los informes de historiadores y etnógrafos. A cambio, se nos aparece como una cultura del desapego, de la discontinuidad y del olvido.”
    Zygmunt Bauman
Sin duda debemos mucho al romanticismo y otras corrientes artísticas y culturales del siglo XIX la llegada de lo que hoy entendemos como posmoderno. Y es que autores como Nietzsche iniciaron el debate que hasta nuestra época continúa vigente. Lo moderno podía ser entendido de forma clara por los historiadores hasta la primera mitad del siglo XX. Ya sea por el cristianismo, la Ilustración o la Revolución Industrial, todo parecía haber tener una línea progresiva que nos conduciría a lo que hoy en día se entiende por Modernidad.
Existen muchas tesis respecto a lo moderno. Nicolás Casullo considera que el consenso más votado refiere al Renacimiento como la época en la que empezó la llamada Modernidad (Casullo, 2004). Esto debido en aquél periodo se iniciaron las ideas de libertad, individualidad creadora y otros conocimientos que desafiaban al poder teocrático que había dominado durante todo el periodo medieval (Casullo, 2004). Las ideas de la Ilustración trajeron consigo a la Razón como eje fundamental del conocimiento humano. Casullo atribuye a la burguesía intelectual como gran catalizador de la era Moderna. Al minarse el poder de la Iglesia Católica y ser sustituido por lo que hoy conocemos como el Estado moderno, la Revolución americana y francesa estaban trayendo un nuevo orden al mundo occidental.
Aunque el concepto de lo moderno tiene un origen en las corrientes culturales, la idea fue permeando todos los campos de la actividad humana. La novela de El Quijote es quizás una de las representaciones más icónicas de este cambio cultura. Su personaje principal se desenvolvía en el mundo como si este todavía hubiere un medievo. Las actitudes caballerescas, el honor y la vida destinada a un sentido más allá de la propia existencia. Ideas que fueron relegadas tras el surgimiento de la clase burguesa y el capitalismo moderno. Lo moderno dice Casullo, permitió la destrucción del orden celestial encarnado por los reyes que tras una revolución fueron a dar a la guillotina. Este acto es visto por Nietzsche como “La muerte de Dios”, ente que ocupaba la posición más alta en la sociedad occidental. Si hemos matado al rey, algo debe sustituirlo, por lo que concluye Nietzsche, será el hombre. Durante todo ese tiempo hemos tratado de buscar sustitutos para todas las actividades humanas que estaban dominadas por el gobierno eclesiástico.  Esto ha dado por resultado una serie de organismos y formas de pensar que se consideran como modernas.  
Lo moderno implica un fin teleológico. La humanidad se dirige hacia un punto específico en el que la Ciencia, la Razón, la Historia o al Evolución sirven de camino para llegar al destino. Los modernos consideran cada etapa de la historia de la humanidad como un escalón más del hombre hacia su tierra prometida. Los imperativos fuertes son parte del discurso moderno. El siglo XX desde su comienzo hasta el final de la Segunda Guerra Mundial buscó establecer un rumbo fijo para el progreso del hombre.
Lo que la sociología podría decirnos de la modernidad depende mucho de la corriente y el autor. Max Weber, por ejemplo, considera que la modernidad se concibe a través del avance de la racionalidad a nivel global (Weber, 2008). En el caso de Durkheim, la modernidad se entiende a partir de la pérdida de la conciencia colectiva y el arribo de la sociedad orgánica (Durkheim, 2011). En otros autores como Giddens, la modernidad se entiende bajo cuatro postulados: la llegada del capitalismo, el industrialismo, la capacidad de vigilancia y el poder militar (Bonilla Loyo, 2011). Veremos un poco más respecto a esta definición adelante.


El posmodernismo y su genealogía


“La humanidad no representa una evolución hacia algo mejor, o más fuerte, o más alto, al modo como hoy se cree eso. El progreso es meramente una idea moderna, es decir, una idea falsa”.
Friedrich Nietzsche
Después de la Segunda Guerra Mundial, diversos pensadores de occidente se preguntan si todavía podemos hablar del discurso moderno como totalizador. Al igual que otras corrientes teóricas como el estructuralismo y el existencialismo, el posmodernismo es un concepto que se pone de moda y busca reemplazar lo que existía con anterioridad. Pensadores como Jean-François Lyotard (1984) y Zygmunt Bauman (2013) se plantean nuevos escenarios teóricos que expliquen mejor nuestra realidad. En este punto entra el posmodernismo que inicialmente fue concebido en las esferas de lo artístico y cuyo significado se transfirió a otros aspectos del conocimiento. El posmodernismo declara la “muerte de los grandes relatos” (Lyotard, 1984) y crea una nueva estética sobre la cual se basan artistas y otros creadores de cultura occidental. El pensador francés se refiere específicamente a cuatro grandes relatos de occidente los cuales considera que pierden protagonismo en el posmodernismo: Cristianismo, Marxismo, Capitalismo, e Iluminismo (Lyotard, 1984).  
En el posmodernismo se considera la fragmentación y la exaltación de las minorías. Los grupos relegados en el discurso de la modernidad resurgen en los autores posmodernos. La filosofía oriental, el feminismo, los grupos con diferentes orientaciones sexuales y los pueblos autóctonos tiene algo que decir respecto a los problemas recurrentes de la sociedad. Esto es definido por Lyotard como micro o meta relatos. Aquellas historias que no abarcan toda la realidad y sin embargo la construyen a manera de collage; cada pedazo explica algo de nuestro mundo y a la vez se mezcla con otros relatos. Los artistas posmodernos tomaron la batuta respecto a estas nuevas definiciones y plasmaron obras que rompían con la estructura tradicional de las historias, las obras de teatro y las piezas musicales.
Aunque no existe un consenso específico acerca de cuándo empezó a usarse el concepto de posmoderno, Perry Anderson (1998) considera que tuvo un origen hispanoamericano, ya que el término modernismo fue empezado a usar por Rubén Darío alrededor de 1890. Federico de Onís fue uno de los primeros en usar el término “posmodernismo” con la intención de describir un reflujo conservador dentro del propio modernismo (Anderson, 1998). No fue sino hasta varios años después cuando Toynbee volvió a hacer uso de la palabra[1] aunque realmente alcanzó la popularización hasta los setentas.
Los cuatro grandes relatos considerados con anterioridad parecen perder fuerza a medida que las últimas décadas del siglo XX se aproximan. Con la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la Unión Soviética, el gran relato marxista que esperaba marcar el siguiente paso en la historia con el surgimiento del socialismo científico y la plenitud total del ser humano se difumina tras el evento y el apoyo teórico entra en crisis.
El Iluminismo es otro gran relato que entra en conflicto pasada la Segunda Guerra Mundial. Los teóricos de la Escuela de Frankfurt ponen en duda el concepto clave del discurso iluminista: la Razón. En Dialéctica de la Ilustración (2009), Horkheimer y Adorno consideran a la razón instrumental como uno de los principales motivos por los cuales surgieron desastres como Auschwitz y porque el proceso civilizatorio de occidente no puede seguir considerándose como progresivo. Además de esta corriente teórica, el positivismo reinante del siglo XIX tuvo un revés en todo el siglo XX bajo la batuta de diversos filósofos críticos de los cánones expuestos en el pensamiento positivista. Heidegger, por ejemplo, considerado uno de los filósofos más importantes del siglo pasado, regresa la filosofía occidental a una de las preguntas básicas de la existencia humana: ¿Qué es el ser? En su obra más importante Ser y Tiempo (2001), el alemán considera que la sociedad actual se concentra en el dominio de lo cósico (Feinman, 2013). Esta vuelta de timón en la filosofía continental es un preámbulo de lo que tomarían los filósofos posmodernistas para centrar el arte, la filosofía, y otras áreas humanas en las que la razón instrumental es negada mediante la irracionalidad o convertida en otro tipo de razones que no busquen establecer un dominio de la naturaleza sino una integración con la misma.
El discurso posmoderno se convierte entonces en una propuesta que reaccionará a la narrativa que había estado previamente establecida. Crea posturas filosóficas, artísticas, literarias y cinematográficas y sociológicas que cambian el sentido concreto de las cosas. Un concepto puede tener dos significados como Derrida expuso en su obra De la Gramatología (2000) y en la que la Différance deconstruye el pensamiento logocentrista de occidente[2].
Por supuesto, hemos de considerar al posmodernismo como una propuesta que ha encontrado una serie de detractores y opositores al mismo. Jürgen Habermas (2004), es quizás uno de los más notorios en cuanto a la crítica pues establece que la modernidad es más bien un proyecto inacabado antes que finalizado. Entiende al posmodernismo como una suerte de “antimodernidad” antes que algo posterior a ella (Casullo, 2004). Habermas considera que los valores de la modernidad se han ido perdiendo en las últimas generaciones que conciben la vida más en términos efímeros, hedonistas y nihilistas. El posmodernismo parece haberse exculpado de los ideales de la Ilustración y se refugió en una lógica consumista de la cual no ha podido salir.

Trabajo y posmodernidad


“Hay que sufrir y trabajar mucho hasta dar con los colores, con el pincel y con el lienzo. E incluso entonces estaremos aún muy lejos de dominar el arte de vivir, aunque, por lo menos, seremos dueños de nuestro propio taller.”
Friedrich Nietzsche
            Para muchos estudiosos del tema, el debate de la posmodernidad parece haberse ido por la borda (Feinman, 2013). Al igual que muchos teóricos del marxismo, los acontecimientos históricos son parteaguas para el nacimiento o la muerte de nuevas formas de pensar. Eventos como el 11 de septiembre en las Torres Gemelas volvieron a unir las piezas que el posmodernismo había destruido. Este atentado terrorista hizo que volvieran los acontecimientos universales. Ese día no hubo una noticia que tuviera mayor relevancia para el mundo y cuyas consecuencias fueron notables para el posterior desarrollo de los acontecimientos del mundo en los siguientes años. La crisis económica en el 2008 también parece haber dado otro golpe importante al posmodernismo. Con muy raras excepciones, las caídas de las bolsas del mundo afectaron casi al cien por ciento de los países del mundo. Samuel Huntington (1998) concibe estos acontecimientos como un “choque de civilizaciones” en el que culturas como la árabe parecen ser diametralmente opuestos a la lógica de Occidente. Esto podría reconstruir el discurso moderno en el que existe una dicotomía del pensamiento similar a lo que se vivió en la Guerra Fría y la Unión Soviética.
            La Globalización como fenómeno mundial parece traer nuevamente el discurso de lo moderno a la mesa. La interconexión masiva, la homogeneización de la cultura y los cambios de régimen político hacia la democracia en países en los que las dictaduras habían sido el denominador común son algunos ejemplos de lo que se concibe como globalización. De todos estos atributos, existe uno en el que nos deseamos centrar en este ensayo: El trabajo.
Habiendo establecido las nociones de moderno y posmoderno, podemos hacer un análisis de los cambios que ha sufrido el panorama laboral en los últimos años y definir si existe la probabilidad de concebir el trabajo en términos posmodernos[3].
Durkheim y Weber consideran dos elementos importantes en el trabajo moderno: Los altos niveles de racionalización y burocratización del mismo, además una alta especialidad consecuente de la división del trabajo. En la modernidad, el trabajo busca que los individuos conozcan mucho más acerca de un tema en específico y estén organizados bajo estrictos estratos jerárquicos y un orden bien delimitado. Si bien estos elementos aún no han cambiado, existe una parte clave en la que podemos centrarnos: la comunicación.
La híperconexión que trajo el internet a finales del siglo XX es la revolución de nuestros días. La facilidad con la cual podemos establecer contacto con personas que se encuentran a miles de kilómetros de distancia trajo consigo una modificación sustancial en la forma de operar de las empresas. Thomas Friedman (2007) fue uno de los primeros en observar el fenómeno al prestar atención de la mudanza de diversas empresas a países que anteriormente habían permanecido a la categoría de Tercer Mundo. India, Filipinas, Rusia, México y Brasil son algunos de los ejemplos más significativos. Gracias al Internet, las empresas podían operar desde diversas latitudes a un costo mucho menor y una eficiencia más alta. Las distancias reducidas han provocado que las relaciones laborales, sociales, económicas, políticas y personales se modifiquen en un plazo de tiempo relativamente corto.
Patricia Collado (2001) considera que un mundo de producción globalizado vuelve el proceso de trabajo más flexible, pero a la vez más menos responsable al empleador a cambio de una mayor libertad para el empleado. El trabajo pierde espacialidad física (la oficina) y gana libertad en horarios y costos de traslado. La crisis de la primera década del siglo XXI aceleró estos procesos debido a la escasez generalizada de capital y la reducción de personal que tuvieron que realizar numerosas industrias para continuar a flote. La empresa creó una mayor familiaridad con sus empleados al convertirlos en parte de “la familia” a fin de generar una mayor lealtad. Estos cambios también fueron percibidos por Thomas W. Malone (2005) en su libro El Futuro del Trabajo que documenta muy bien los cambios generados después de la creación de la web. La flexibilización en las jerarquías, la desregulación de los mercados y altos volúmenes de intercambio financiero a través de una compleja red de conexiones entre clientes y empresas además de trabajadores colaborando desde diferentes lugares del globo terráqueo. Hoy en día, la movilidad de un país a otro se ha vuelto cada vez más común y accesible para todos.
Si usáramos el discurso de la modernidad para definir el trabajo como un “gran relato” y agregarle ciertas características que lo delimiten como tal propondríamos las siguientes:
1.      En el trabajo existe una división inseparable entre empleado y empleador en la que la subordinación de uno hacia otro es una condición necesaria para la organización de una empresa.
2.      Existen jerarquías plenamente definidas en las que la toma de decisiones está puesta en un grupo específico de personas que normalmente se encuentran en la parte más alta de la pirámide.
3.      Las empresas tienen lugares físicos definidos en los que todo el personal, incluyendo a los jefes van a trabajar.
4.      El trabajador busca colocarse en un trabajo estable que le proporcione seguridad durante toda su etapa laboral y lo pensione cuando se encuentre jubilado.
5.      El trabajo ocupa una gran parte del tiempo de vida de la persona por lo que sólo en el retiro gozará de una libertad absoluta para hacer lo que quiera con su vida.
En términos teóricos, la modernidad y el trabajo podría asociarse también con lo propuestos por Giddens en el que la fiabilidad-riesgo explican lo laboral como aquello que nos da un sentido de orden, asegura la posición social del individuo y confieren un grado de certeza para toda su vida (Bonilla Loyo, 2011). Su lado opuesto, el riesgo, posibilita que estos mismos elementos sean puestos en peligro si se modifica el panorama global sobre el cual estamos insertados. Friedman (2007) consideraría a China y a India como uno de los elementos que modificaron cada aspecto de lo que es el trabajo como gran relato.
Para poder entender con mayor profundidad este cambio tenemos que observar lo que Dra Aleks Krotoski (BBC, 2010) relata en la serie Virtual Revolution la cual desarrolla las diferentes etapas en las que la Web se va insertando en la sociedad moderna y modifica las formas de actuar de los individuos tanto en las sociedades desarrolladas como aquellas que apenas inician el proceso de desarrollo. Lo primero que se trastoca con la llegada del internet son las relaciones locales. El abaratamiento de la comunicación abre la posibilidad del trabajo remoto entre países, esto sumado al tipo de cambio entre un país en desarrollo como India y Estados Unidos tiene como resultado la disminución de costos en cuanto a mano de obra. Los modelos de trabajo y procesos industriales en donde prevalece la alta racionalidad se trasmiten a lugares que no todavía no se había desarrollado plenamente. El resultado es una homogenización de los procesos y la cultura del trabajo.
Malone estableció que las nuevas formas de organización del trabajo serán: “autoorganizadas, autogestionadas, empowered, emergentes, democráticas, participativas, centrada en las personas y entre iguales” (Malone, 2005). Es decir, se iniciará un proceso de descentralización que ya ha ocurrido en muchas partes del mundo. Grandes empresas ahora permiten que todos sus integrantes puedan participar en la toma de decisiones de la misma.
En cuanto a los empleados, los autores que analizan los cambios que se están dando en el tema laboral suelen abordarlo acotando las generaciones que ahora son parte de la fuerza de trabajo a nivel mundial. Los Millennials es el nombre con el que comúnmente se les denomina a los nacidos entre 1980 y 1994 (Oblinger, 2005) y cuyas características han sido tratadas de descifrar por diversos interesados en el tema. Esta generación fue la primera en vivir el cambio de la era análoga a la digital. Sus procesos de relación social estuvieron intrínsecamente ligados al nacimiento de la internet. Cuando estos se empezaron a insertarse en el mercado de trabajo, sus prospectivas de vida, relación con sus superiores y métodos de trabajo eran significativamente distintos a los de las generaciones anteriores.
También llamada la generación Y, los millennials piden una mayor afinidad de sus objetivos profesionales con sus metas en la vida, en términos de Maison (2013):
“Los jóvenes están en un proceso de búsqueda de felicidad en el que, como ya vimos, el trabajo no es el eje principal. Eso es lo que al final cambia la relación entre empleado y empleador” (Maison, 2013)
Si las empresas rechazan las nuevas exigencias de sus empleados, el resultado es la baja permanencia del empleado en la empresa y un menor compromiso para con la misma, razón por la cual se agregan gastos que la organización tiene que asumir.
Los espacios físicos del centro de trabajo también sufren una transformación. Oficinas de grandes compañías como Google, Apple, Tesla, Adobe, Cisco y otras adecuan los lugares desde operan sus directivos centrales. La Nación del Cubículo como lo denominó Pamela Slim (2009) necesita que sus empleados se sientan en algo más significativo que un trabajo que les reditué sólo en lo económico.  Por eso convierten los espacios físicos en algo que bien podría confundirse con una sala de juegos, una casa de verano o la propia casa. Además de estas modificaciones, también se le da la oportunidad al empleado de trabajar desde el lugar que quiera, llegar en el horario que más le parezca y proponer cambios en la manera en que realiza su trabajo.
Por otro lado, tenemos la estabilidad y fiabilidad del trabajo. Con las nuevas tecnologías se amplía el campo de oportunidades para los profesionistas y aumenta tanto la demanda como la oferta de la fuerza laboral. Si las empresas ganan al contratar personal altamente capacitado a un menor costo, los empleados tienen la posibilidad de ampliar la cantidad de lugares en los cuales pueden ser contratados. La alta oferta propicia que la movilidad de los empleados de una empresa hacia otra sea más dinámica. Lo que hace que la permanencia promedio de un empleado en la compañía sea en promedio de cuatro años (Nación, 2012).
Por último, el trabajo como tiempo de vida. Al desvanecerse las fronteras entre lo que es el trabajo y la realización de la vida, el Yo se devela como un asunto de mayor importancia. Al contrario de lo que le discurso moderno postula respecto al trabajo[4], ahora la vida privada puede ser moldeada según los deseos del individuo. Giddens percibiría esto como la modernidad reflexiva, en el “El individuo no sólo es responsable de la creación y del mantenimiento del yo, sino que esa responsabilidad es continua y profundamente influyente” (Ritzer, 2002). El autor también sostiene que la modernidad es un asunto discontinuo más que posmoderno ya que parece avanzar y retroceder tras la llegada de nuevas corrientes teóricas. Giddens dice al respecto:
“¿Cómo podríamos reconocer las discontinuidades que distinguen a las instituciones sociales modernas de los órdenes sociales tradicionales?... Una es el simple ritmo de cambio que la era de la modernidad pone en movimiento… Quizás resulta más evidente en lo que respecta a la tecnología, pero puede extenderse igualmente a otras esferas…La segunda discontinuidad es la del ámbito. La interconexión que ha supuesto la supresión de barreras de comunicación entre las diferentes regiones del mundo, ha permitido que las agitaciones de transformación social estallen prácticamente en la totalidad de la superficie terrestre.” (Giddens, 2011, pág. 19)
Por supuesto, Giddens no concuerda con la postura teórica de Lyotard respecto al posmodernismo sin embargo argumenta razones distintas por las cuales pareciera que el discurso modernista continúa presente, pero presenta características que dan la ilusión de ser otra cosa.
Si nos pusiéramos a examinar esto sobre el tema laboral, a pesar de haber cambios en el gran relato del trabajo, los objetivos de la modernidad permanecen presentes, al menos en algunas partes. Las empresas conservan en su eslogan la búsqueda por ser los mejores y los primeros en ofrecer un servicio, en algunos casos aspiran al monopolio y casi todas establecen una homogeneización de los procesos (como el uso de los call centers) además algunas conservan las prácticas[5] que se iniciaron en los tiempos en los que se consideraba el modernismo.
Otro aspecto importante es la eliminación de las barreras de comunicación que menciona Giddens. Gran parte de las relaciones sociales que se dieron en otros tiempos estaban delimitadas por la lengua y el espacio geográfico. Los conflictos bélicos estaban relacionados con la diferencia entre culturas y la proximidad que tenían entre ellos. El caso de Europa es el más evidente. Ahora con la configuración de Estado-Nación las lenguas han tenido un proceso de estandarización que aumenta el poder de comunicación entre pueblos locales y a la vez exporta la propia lengua a otros países con afinidades comerciales o culturales. Estos factores han propiciado un mayor intercambio de ciudadanos y culturas con países que anteriormente habían sido totalmente ajenos. Costumbres, formas de pensar, y lógicas de mercado son transferidas constantemente gracias a eliminación de barreras comunicativas.
Las consecuencias sociales de estos aspectos son innumerables. El matrimonio entre personas de distintas culturas es cada vez más común. Se copian estrategias políticas para derrocar un régimen, se crean ideologías globales y grupos activistas que operan en todos los rincones del globo. Estamos tan conectados que se han generado teorías como la de 6 grados de separación de Duncan Watts (2006) que establece que estamos a sólo 5 intermediarios para conectar a cualquier persona del mundo.

Entonces, ¿Qué es el trabajo hoy en día?

    “Una máquina puede hacer el trabajo de 50 hombres corrientes. Pero no existe ninguna máquina que pueda hacer el trabajo de un hombre extraordinario.”
Elbert Hubbard (1856-1915) Ensayista estadounidense.
Hemos visto de forma introductoria algunos aspectos de lo que puede ser considerado como moderno. También revisamos los conceptos que abarcan lo posmoderno y como estos entran a consideración en el tema laboral. El posmodernismo ha logrado generar una gran presencia en el arte, la literatura, el cine y obras de arte que no tienen problemas en declarar su condición posmoderna. Sin embargo, en temas como la política y las ciencias sociales encuentra mucha resistencia por parte de intelectuales (sobre todo de occidente) quienes se niegan a considerar la posibilidad de un fin de la historia. Existen evidencias de ambos bandos que refutan o afirman su posición. El mismo Giddens afirma que el posmodernismo está anclado a una tradición histórica como el cristianismo y su afirmación teleológica de la historia. La ilustración no hizo más que cambiar la divina providencia por el progreso providencial.  (Giddens, 2011)
Aunque Nietzsche se adelantó a su tiempo al proponer un posmodernismo, su postura podría haber estado más del lado del individuo que de la sociedad. Y aquí es dónde quiero recalcar la diferencia fundamental de ambos discursos. Uno de los autores a los que se atribuye la fundación del posmodernismo como corriente teórica solía hablar de su aversión a las masas y su énfasis en el individuo[6]. Las pretensiones de verdad forman parte de un discurso colectivista más que individual. Para Nietzsche, la verdad desde el punto de vista del individuo es todo aquello que agrega utilidad para la vida. La razón puede ser útil si ayuda a resolver sus propios problemas, pero puede ser descartado si este afecta su propia concepción del mundo.  Bajo esta lógica, lo que nos encontramos son sujetos posmodernos insertados en una modernidad reflexiva o inacabada que sigue su propia lógica de vida y no siempre coopera con los fines colectivistas de la Modernidad[7].
El trabajo de hoy cuadra perfectamente con esta lógica. Existen lugares del mundo en dónde aún se persigue lo laboral con miras a la colectividad mientras que en otros se busca la satisfacción personal y el desarrollo propio antes que el bienestar colectivo. La posmodernidad teórica ha querido llevar los ideales que fueron pensados para el individuo a un nivel más alto y es ahí donde se encuentra con la oposición.  
Nos encontramos en una encrucijada global bastante compleja. Por momentos observamos una sociedad conectada y participativa entre sí (EUA e India, por ejemplo) mientras que la polarización entre Europa y el Medio Oriente parece confirmar la tesis de Huntington. En Estados Unidos encontramos que el 30% de la fuerza de trabajo  (Neuner, 2013) funciona de forma autónoma, autorganizada en un entorno participativo y democrático. Sin embargo, vemos que industrias maquiladoras como la textil aún sigue operando con los cánones que observó Marx a finales del siglo XIX.
Quizás estas condiciones se modifiquen con el paso del tiempo y con la llegada de nuevas revoluciones tecnológicas[8]. Pero hasta hoy en día vemos todavía muchos signos de la modernidad en diversos sectores sociales. Habermas pudo haber acertado en que ciertas civilizaciones todavía tienen en la mira una meta común, tanto de gobiernos liberales como de regímenes comunistas. El autor también encontró una alianza de los premodernistas con los posmodernos (Casullo, 2004). Estos premodernistas suele funcionar como nostálgicos de viejos modos de vida que a la vista del Juggernaut de Giddens[9] fueron aplastados con la tecnología y el paradigma capitalista como forma de interpretación del mundo.
Las siguientes generaciones son cruciales para determinar si más individuos actuaran de forma autónoma y fuera de toda coerción o se alinearán a un gobierno dominante hacia un fin común. Por un lado, tenemos un mundo islámico con miras a establecer la Sharia en una mayor cantidad de países mientras que por otro lado hay personas que buscan zonas libres de control gubernamental y una mayor libertad estatal. Ninguno de los tres autores fundamentales en sociología alcanzó a vislumbrar lo que sería la sociedad en la actualidad, Giddens considera que la falta de atención en la industria militar fue uno de los motivos. Las dos guerras mundiales trajeron importantes cambios en las sociedades occidentales (y orientales) y forman parte del paradigma de la modernidad actual.
La segregación del conocimiento de Europa hacia el mundo ha traído también una respuesta intelectual contestataria. América Latina ha recobrado una importancia debido a la integración económica que ha tenido con el mundo. De ser parte de la teoría del centro-periferia de la CEPAL ahora busca puestos principales en todas las ramas de la sociedad moderna. Un Brasil que forma parte del motor económico del mundo con los BRICS, una Argentina que se inserta en los nuevos modelos de trabajo mediante el outsourcing internacional y México que cobra importancia como socio estratégico de diversos países del mundo. La decolonialidad y transmodernidad surgen de autores latinoamericanos como una respuesta al paradigma eurocentrista del mundo.
Todo proceso social requiere de un tiempo largo para su completo desarrollo. Los tres conceptos expuestos en este ensayo todavía tienen sus fichas puestas en la realidad. Aún no sabemos con certeza cuál será su destino, aunque atino a decir que nosotros tenemos un papel fundamental para decidirlo.  

Bibliografía


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Neuner, J. (30 de Marzo de 2013). Quartz. Obtenido de 40% of America’s workforce will be freelancers by 2020: http://qz.com/65279/40-of-americas-workforce-will-be-freelancers-by-2020/
Ritzer, G. (2002). Teoría Sociológica Moderna. México: McGraw-Hill.
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Weber, M. (2008). Economía y Sociedad: esbozo de una sociología comprensiva. México: FCE.




[1] El término exacto usado fue “Edad post moderna”
[2] Es importante tomar en cuenta que la relación entre el deconstruccionismo de Derrida ha sido relacionada constantemente con el posmodernismo, existen autores que difieren de esta premisa y le dan más un tono moderno.
[3] O hacer lo contrario.
[4] El Yo como parte de un plan mayor a él mismo en pos del desarrollo de la humanidad. En el discurso moderno, la individualidad está limitada al plan colectivo. El destino de una sociedad particular es más importante que el desarrollo de la persona como sujeto.
[5] Procesos de explotación del obrero, separación jerarquizada de puestos de trabajo y planes de largo plazo para los trabajadores etc.,
[6] En el libro del Anticristo y Más allá del bien y el mal se mencionan ambas posturas.
[7] Aunque afirmar esta postura nos abriría otro tema teórico de la sociología como el de agente/estructura. El individuo insertado en una lógica social puede ser cambiado por la misma sociedad o, por el contrario, este individuo tiene la capacidad para modificar la estructura en la que está insertado.
[8] La inserción total de la robótica en trabajos que todavía se realizan de forma manual y la inclusión de la Realidad Virtual para trabajos que requieran presencialmente un sujeto.
[9] “Aún no vivimos en un universo social postmoderno, pero podemos vislumbrar algo más que unos pocos destellos del surgimiento de modos de vida y formas de organización social que divergen de aquellos impulsados por las instituciones modernas” (Giddens, 2011)