domingo, 18 de junio de 2017

GUERRA, VIOLENCIA Y FILOSOFÍA POLÍTICA DEL SIGLO XXI



Introducción


La biopolítica descifrada por Michel Foucault a finales del siglo XX ha servido de trampolín para diversos teóricos del nuevo milenio. Llevamos más de dos décadas en el que la globalización, el liberalismo y los sistemas democráticos han prevalecido en la mayoría de los gobiernos occidentales. Aunque todavía existen países bajo el sistema comunista, estos parecen ir desapareciendo paulatinamente[1]. El mundo unipolar está en el foco de análisis de los teóricos contemporáneos. Es aquí en dónde podemos observar a personajes como Byung-Chul Han, Slavoj Žižek, Giorgio Agamben y Peter Sloterdijk hablar de temas que hoy en día estamos viviendo y cuya incertidumbre sobre el futuro está siempre presente en sus textos. 

Los temas más recurrentes en estos autores son la democracia, el sistema global de los Estado-Nación, la violencia y todas sus manifestaciones. Usando herramientas teóricas personalizadas pero basadas en otros autores que les precedieron, cada uno da su diagnóstico de la sociedad moderna. Y es pareciera que la estabilidad geopolítica del siglo XX será más duradera que la de siglos pasados. Tan sólo hace 100 años ya se había iniciado varias revoluciones y una guerra mundial en los 17 años que llevamos del siglo XXI. Autores como Francis Fukuyama han proclamado el fin de la historia desde la última década del siglo XX. Con la caída del mundo bipolar, pareciera que lo que hay hoy es lo mejor que pudo pensar el ser humano para vivir en armonía.

Es por eso que hemos llamado a este ensayo "Guerra, Violencia y Filosofía Política en el Siglo XXI" afín de tratar por apartados cada tema. Consideré necesaria esta división debido a que los tres temas se trastocan unos con otros, mientras que cada uno plantea a su vez un panorama de lo que vendrá en este siglo. En cada apartado se buscará responder la pregunta ¿Qué podemos esperar de la geopolítica mundial y la filosofía política en el siglo XXI?

1.    Guerra

Europa parece haber entrado una época casi pacífica después de la Segunda Guerra Mundial. La zona Euro ha sido uno de los intentos más recientes para consolidar la paz económica entre los diversos países que la componen. Otras partes del globo han servido de espacios en los que se lleva a cabo las guerras convencionales. Lo que en Occidente se ha presenciado es una guerra de baja intensidad o guerrilla urbana. El gran enemigo de los Estados Unidos desde principios del siglo XXI ha sido el terrorismo auspiciado por personas de origen musulmán que buscan la destrucción de los principios y valores americanos (sic). Primero bajo el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre y posteriormente en la enorme cantidad de ataques de baja intensidad que se han suscitado tanto en territorio americano como en otros países aliados del mismo. Las guerras del siglo XXI se han desatado en países específicos, principalmente en Medio Oriente y África, en dónde las disputas por el poder y la consolidación democrática aún se ve lejos en el panorama. 

Las guerras del siglo XXI se dan en los territorios de la modernidad: el internet. Los soldados de hoy en día se esfuerzan por saber en dónde están planeado el siguiente atentado o dónde pueden hacer daño a sus enemigos mediante el uso de herramientas cibernéticas. Slavoj Žižek ha sido uno de los intelectuales que más ha enfocado su atención en los problemas políticos del siglo XXI al compararlos con sucesos del siglo pasado (particularmente de la época soviética) y los considera ejemplos de la "continuación de la historia" en plena contradicción con la postura de Fukuyama.  Aunque Žižek se refiere más a los sucesos de la segunda década del siglo XXI, las primeras guerras del milenio se dieron como respuesta al ataque de las Torres Gemelas. Primero la invasión a Irak en el 2004 y posteriormente la guerra en Afganistán y Siria. Los modernos parecen tener la tarea de pensar en la guerra –como diría Sloterdijk–  que no ha sido del todo despreciada por los Estados-Nación. Sólo que después de la invención de la bomba atómica, los sucesos se dan por baja intensidad más que por un choque frontal entre dos o más países. La guerra ahora matizada en diversos aspectos de la vida social suele tener una condición ambivalente en los ciudadanos globalizados. Por una parte, es aceptada por aquellos que todavía la necesitan: los grupos radicales que ostentan el poder, y los países que buscan extender sus dominios más allá de sus fronteras. 

China, Rusia y Estados Unidos[2] parecen ser los principales protagonistas de estas causas bélicas. Del mundo bipolar pasamos al mundo multipolar en el que diversos países poseen un poder bélico basado principalmente en su capacidad nuclear. Aunque la posibilidad de una guerra nuclear todavía se mantiene distante (esto debido a las conclusiones de la MAD[3]), hoy estamos viendo que la guerra de guerrillas, sobre puntos grupos específicos (guerrilleros, terroristas, grupos de choque) se vende mucho más que cualquier ataque masivo sobre la población. Es aquí donde podríamos observar la tesis de Sloterdijk respecto a la guerra. Es una energía thimótica que forma parte del proceso civilizatorio y que de la cual no nos podemos desprender: 

"¿No sería posible considerar que también las llamadas guerras mundiales del siglo XX, entre otras cosas, significaran repeticiones de la guerra troyana, organizadas por los Estados mayores cuyas cabezas pensantes, a ambas partes de las líneas enemigas, se entendían respectivamente como los más grandes aqueos e, incluso, como los sucesores del colérico Aquiles y portadores de una vocación atlético-patriótica por la victoria y la fama en la posteridad?" (Sloterdijk, 2006)

La ira, presente en la historia de Occidente, se ha ido transformando en la sociedad en sintonía con los cambios sociales y políticos de la época en turno. En la antigüedad, estaba presente en los actos heroicos de sus guerreros troyanos, atenienses o espartanos. La teoría política del siglo XXI está ahora fundamentada en los motivos psicológicos que motivan al ser humano a ejercer la política entre sus pares. Sloterdijk considera que además de la pulsión del Eros, la pulsión del thymos es también importante para la acción de los dirigentes políticos. Es está ira la que logró que los rusos detuvieran el avance del ejército Nazi en la Segunda Guerra Mundial. Es la misma ira que evoca a los partidarios de Isis para atacar a los enemigos del islam y que el presidente de Estados Unidos en turno despliegue la bomba no nuclear más potente sobre territorios presuntamente dominados por Al-Qaeda. 

Este mismo proceso civilizatorio ha sido el causante del orden actual. En términos estadísticos, vivimos en un periodo de relativa paz y la generación Millennial y la generación Z (aquella que nació en la era de internet), en su mayoría, no han vivido ninguna época de guerra y disfrutan de los beneficios que la economía globalizada ha traído. Sin embargo, su actividad política se encuentra presente mediante diversas herramientas de comunicación masiva. Después de la guerra física, frontal y ordinaria se encuentra la guerra que se disputa digitalmente. Esta guerra invisible fuera del ciberespacio se disputa las ideas de las generaciones actuales. Libertad, democracia, tolerancia y cultura llegan a países con una tradición totalitaria. En Medio Oriente, durante la Primavera Árabe la mitad de las batallas se dieron en línea. Y es que dentro del ciberespacio no conviven las ideologías, más bien, estas luchan por ganar la mayor cantidad de adeptos políticos. Aunque estas disputas podrían verse como ejercicios democráticos, la realidad es que, en lugar de comprender al rival político, los cibernautas encuentran con mayor facilidad aquellos que comparten sus ideas, dando por resultado una mayor polarización de las ideas. 

Las guerras del siglo XXI, al igual que en otras épocas, están acompañadas de algún justificante ideológico. La justicia vertical (aquella que se da por coacción gubernamental) es puesta constantemente en juicio por las nuevas generaciones. Movimientos como Anonymous se basan en el principio del poder cibernético y la justicia horizontal. Aquella que se da a través de la población globalizada, sin un rostro específico, y con intenciones de resarcir un mal hecho por una institución política o un grupo de malhechores en turno (pederastas, banqueros, políticos corruptos o terroristas). Los actores que conforman esta organización carecen públicamente de raza, país, postura política o religión. Este ejercicio político nunca antes visto en otros tiempos nos inclina a pensar que serán parte de la política del siglo XXI. Su poder cibernético podrá influir bélicamente en muchos aspectos: bloquear accesos de información, difusión viral de un suceso y control digital de recursos estratégicos de un país. 

Por último, la guerra vista desde el punto de vista de la filosofía política contemporánea. La actualidad todavía sigue utilizando a Carl Schmitt para interpretar los acontecimientos políticos. Schmitt, a pesar de ser uno de los ideólogos del régimen Nazi, sigue siendo citado y utilizado en diversos análisis. Y es que sus conceptos básicos resultan muy útiles para la política actual. Un ejemplo es la dicotomía amigo/enemigo, los enemigos no son sólo opositores ideológicos aislados, sino que también tienen la capacidad de oposición pública. La guerra existe incluso aunque haya periodos pacifistas. Y esto lo que vemos en el siglo XXI, una cantidad de grupos ideológicos con capacidad transnacional que influyen en los ciudadanos. Los grupos radicales del islam funcionan bajo está lógica Ellos vs Nosotros y usan los medios digitales para formar células locales que terminan siendo cuarteles para la organización terrorista. Los enemigos ya no sólo son otros estados-nación sino todas aquellas organizaciones con capacidad de hacer un frente político a otra entidad. Tanto Sloterdijk como Žižek y Byung-Chul Han hablan del autor para analizar aspecto de la política contemporánea. Según este último, la distinción amigo/enemigo no es objetiva sino óntica, es decir, es una distinción existencial (Byung-Chul, 2016). Esto significa que los enemigos disienten entre sí por razones de una falta de identidad del yo. Las razones culturales, económicas o religiosas no son suficientes para crear un bloque político enemigo de otro. 

Esto explicaría porque existen naciones con más enemigos internos que externos. En Ucrania, por ejemplo, había una clara división entre ciudadanos que apoyaban las acciones militares de Rusia, mientras que otros las rechazaban rotundamente.  De igual forma vemos esta división social en países como Estados Unidos en dónde diversos grupos sociales han tenido una batalla encarnizada por motivos políticos, en los que incluso se habla de una separación de ciertos estados del país[4]. La falta de una identidad del yo se manifiesta si existe una multiplicidad de enemigos. Solo cuando existe un solo enemigo y este es claro de distinguir se produce el efecto contrario. Razón por la que los países de hoy en día crean enemigos claros contra los cuales luchar a fin de lograr la cohesión interna que necesitan para funcionar. 

Si la política –como decía Schmitt– es una acción bélica, entonces, el siglo XXI seguirá marcado por acciones políticas que trascenderán las fronteras de los países. Y dentro de estos mismos países veremos también una fuerte resistencia a las fuerzas locales que podría causar la división de estos estados. Los experimentos como la Unión Europea podrían fracasar si los ciudadanos poseen una serie de enemigos tanto de forma interna como externa que los hará migrar o separarse de sus vecinos (como parece estar sucediendo con el Reino Unido). 

Otros autores contemporáneos consideran la guerra como una condición necesaria. Peter Sloterdijk, por ejemplo, considera a la guerra como una fuerza iracunda que necesita ser puesta en lo social a fin de satisfacerse. En el último capítulo de Ira y Tiempo (2006), el autor analiza la situación del mundo después del comunismo. Al igual Žižek, observa la veracidad de los postulados de Fukuyama en su famoso libro El Fin de la Historia y considera importante una parte del libro en el que se analizan las fuerzas iracundas del mundo (lo llama la thimotología actualizada). Sloterdijk considera que el marxismo cometió el error de negar al ser humano el derecho a la grandeza y al orgullo (impulsos resultados de las fuerzas del thymos). Aunque estos derechos están presentes en las democracias liberales, las insatisfacciones seguirán presentes. La falta de satisfacción thimótica se albergará de distintas formas en estas sociedades. Al hacer que no todos logren sus metas de orgullo y sentimiento de superioridad, las envidias continuarán presentes. Estas envidias estarán depositadas en individuos que podrían ser el semillero de nuevas revoluciones por la necesidad de cambio. 

Los movimientos de Occupy Wall Street podrían ser ejemplos de lo dicho por Sloterdijk. Partes de la sociedad consideran que no están dentro del grupo de los ganadores de otra parte, la Modernidad les ha etiquetado la categoría de “perdedores” y si se unen en grupos considerables pueden dar lugar a los grupos opositores al sistema con un peso público importante.

2.   Violencia

Además de la guerra, la violencia es otro de los aspectos presentes en la sociedad contemporánea. El análisis más interesante que se ha hecho sobre este aspecto es el que presenta Byung-Chul Han en su libro Topología de la Violencia (2016) el cual observa al sujeto de la modernidad como un sujeto de rendimiento. Alguien que ejerce violencia hacia sí mismo. Se exige y se somete a las condicionantes impuestas de su entorno. Esta violencia desata diversas reacciones psicológicas dentro de su personalidad y su vida. Se desgasta constantemente y entra en depresión. Este sujeto de rendimiento coexiste con otros tipos de sujetos que anteriormente formaron parte de la mayoría global. Razón por la que la violencia se desata de diversas formas en el mundo. Desde la violencia física que ha estado presente desde los inicios de la humanidad, hasta la violencia indirecta y mental que ataca a la sociedad de forma silenciosa. Algunas de estas formas de violencia son bien vistas por la sociedad mientras que otras se esconden dentro de los organismos gubernamentales que la componen. El sujeto de la modernidad siempre busca que esas formas violentas actúen de forma interna. Han posiblemente llegó a esta conclusión al observar a la sociedad surcoreana que hoy en día tiene la tasa más alta de suicidios en el mundo. Los jóvenes surcoreanos son sometidos a un enorme nivel de competencia, tanto en el trabajo como en la escuela, la sociedad altamente industrializada presiona a los sujetos  a que se exploten a sí mismos en pro de su propio bienestar. A pesar de vivir en una sociedad con una gran cantidad de opciones, vive cada una de ellas con superficialidad. Su propio yo se encuentra diluido entre las masas de las cuales pocos logran formar una identidad bien definida. 

Además de este sujeto de rendimiento, también coexisten en la modernidad todo tipo de violencias. Una de ellas, es la que realiza el Estado fuera de sus propios límites legales y que parecen ser resultado del mismo. El Estado de excepción parece ya no ser un evento aislado sino un algo que caracteriza al poder político moderno. Pareciera que ningún estado moderno se salva y los que aún no lo hacen están proclives a hacer. Al menos esa es la teoría de Giorgio Agamben, quien considera que las sociedades contemporáneas son creadoras del homo sacer o el individuo al cual se le despoja de su humanidad y se le transforma en pura vida. En este estado, el poder político turno puede hacer lo que quiera con la vida que tenga enfrente. La violencia que se ejerce aparece fuera de los límites legales en los cuales se mueven los otros ciudadanos. Ejemplos como Guantánamo, los campos de concentración y los lugares en los que se dan las desapariciones forzadas son algunos de los ejemplos modernos. 

La violencia del siglo XXI aparece de forma esporádica, morbosa y altamente condenable por la opinión pública. Los poderes políticos de los países más avanzados la condenan, mientras que los países con regímenes autoritarios la consideran necesaria para mantener la estabilidad política. Los límites de la violencia están constantemente sometidos al escrutinio público. Gracias a la tecnología, cualquier acto violento es susceptible de ser puesto al escrutinio internacional. Esto se exacerba todavía más cuando los medios de comunicación hacen énfasis en los conflictos políticos por los niveles de violencia presentados. Quien ejerza una mayor violencia queda en sometido al juicio negativo por parte de la sociedad globalizada. La violencia puede ser fácilmente transformada en espectáculo a fin de obtener mayores audiencias. 

Como mencionamos anteriormente, Schmitt parece saltar nuevamente al escenario teórico del siglo XXI. La dicotomía amigo/enemigo ha sido una de las herramientas ideológicas del siglo actual. Tanto los poderes políticos como los ciudadanos a pie lo utilizan en sus protestas. Así como George Bush estableció la dicotomía EUA vs terroristas, sus propios ciudadanos establecieron la propia 99% vs 1% que fue la raíz del movimiento Occupy Wall Street. La violencia, parece necesitar de un opuesto sobre el cual ejercer su fuerza. Para Schmitt, esta es la base fundamental de la acción política que las posturas liberales buscaban poner en segundo plano. Esta aseveración, es a mí parecer, uno de los conflictos que seguirán estando presentes durante el siglo XXI: la política vs la economía. 

Durante todo el siglo anterior, las luchas ideológicas tuvieron su base frente a la dicotomía política/economía. Por un lado, los marxistas buscaron establecer los principios del orden público mediante la coacción inmediata por el Estado, mientras que los liberales buscaron un orden espontáneo liderado por el libre comercio y un estado poco intervencionista. Estos dos actores, combinados con el nacionalismo de los países europeos fueron el caldo de cultivo para las dos guerras mundiales y la formación del bloque bipolar que tuvo al mundo en vilo por una catástrofe nuclear hasta la caída del Muro de Berlín y la desaparición de la URSS. La gran lucha dicotómica pareciera haberse dispersado en movimientos particulares: la contaminación de las grandes corporaciones vs el calentamiento global. El control político orwelliano de la información vs la privacidad de los ciudadanos y la prevalencia de la globalización vs los nacionalismos exacerbados. Este último, pareciera ser una actualización de la gran dicotomía política/economía en el que los países de primer mundo empiezan a perder prevalencia económica frente a los estados emergentes. La pobreza extrema se ha reducido en un buen número mientras que la riqueza que normalmente era poseída por ciertos países se está repartiendo entre los nuevos dominantes. Empezando primeramente con China, que en tan sólo una década ha aumentado los niveles de ingreso de sus habitantes, mientras que Estados Unidos y gran parte de Europa se esfuerzan por sostener una clase media que ha perdido sus fuentes de empleo gracias a la globalización. 

Por lo tanto, los niveles de violencia permean en casi todos los países del mundo, ya sea por medio de la protesta social, mediante el ataque directo a las formas de poder establecidas o el ejercicio auto flagelante de sus ciudadanos por rendir en una sociedad altamente exigente. La política ejercida desde los poderes estatales aún sigue teniendo peso en las decisiones del mundo, aunque la economía llega a sobrepasar parte de las acciones políticas que tratan de detenerla. Por ejemplo, con la llegada de Trump al poder, cientos de economistas pronosticaron la posibilidad de que las bolsas del mundo tuvieran una gran baja posterior a las elecciones, mientras que en la realidad tal suceso nunca tuvo lugar. Al parecer tanto los especuladores financieros como los empresarios de todo el mundo saben que las decisiones políticas de un país (incluso un país de la magnitud de EUA) no tienen las condiciones necesarias para modificar de forma significativa el comercio internacional. 

Esto no significa que las discusiones políticas no sigan presentes en el nuevo siglo. Existe un numeroso grupo de críticos ideológicos que combaten todavía contra la hegemonía del capitalismo y la democracia americana. Slavoj Žižek, Thomas Piketty, Amartya Sen, Joseph Stiglitz y otros teóricos, tanto políticos como economistas abogan por problemas de desigualdad, acaparamiento de la riqueza por sólo unos pocos y la sobreexplotación de los recursos naturales. Žižek ha sido uno de los teóricos más populares dentro de la filosofía política contemporánea que aún sostiene una postura marxista crítica frente al liberalismo imperante. Todos ellos argumentan, en mayor o menor medida, que las fuerzas económicas hegemónicas ejercen de alguna forma la violencia contra sus sojuzgados. Tomando elementos psicoanalistas o foucaultianos, consideran que los aparatos ideológicos presentes en diversos aspectos de la vida humana ejercen un control que impide el cambio social. El marxismo, lejos de haberse recluido en las bibliotecas, aun ejerce un dominio ideológico en lugares que son la meca simbólica del libre comercio y la democracia. Después de la Escuela de Frankfurt, el marxismo cultural ha permeado una gran cantidad de universidades tanto en Estados Unidos como en Reino Unido y otros países de primer mundo. Junto con el construccionismo social, han dado pie a una nueva serie de intelectuales que han aportado a la filosofía política desde sus especialidades. 

Para terminar este apartado, la violencia del siglo XXI puede ser entendida desde tres aspectos: la simbólica, la física y la política. En el primero observamos un sistema que genera esquemas de control que no son fácilmente observables. A través de la enajenación cultural y los aparatos ideológicos parece que se ha generado un nuevo tipo de sujeto que busca sojuzgarse a sí mismo y a aquellos que tiene a su alrededor. Una postura derivada de la tradición marxista y foucaultiana de la cual difiero[5]. La violencia física, que se ejerce tanto por vías institucionales como por los ciudadanos que integran el mundo. La violencia del Estado que utiliza para hacer valer las leyes sobre las que se rige, o en su defecto, proteger a los grupos de poder que la dominan. Hoy en día, es posible observar la violencia física en cualquier parte del mundo, ya sea por un ataque perpetrado por un alumno con problemas psicológicos como por un grupo radical. 

En los países emergentes está violencia física es más común en los ciudadanos. Las injusticias suelen ser acontecimientos permanentes en países de Latinoamérica y la fuerza del Estado hace uso de la represión y el encarcelamiento de aquellos que representan un peligro para su estatus quo. Por ejemplo, en Venezuela se libra al día de hoy una violencia física por parte de todos los actores políticos del país para lograr un objetivo específico. Por una parte, se encuentra un grupo político que busca convocar a elecciones lo más pronto posible, mientras que otro busca aplazar la votación el mayor tiempo posible afín de evitar perder los comicios. En México, las fuerzas del estado usan constantemente la violencia para contener grupos políticos. El caso más sonado en esta década fue la desaparición forzada de los 43 estudiantes de Ayotzinapa.

En Estados Unidos, el Reino Unido y Francia también ha habido casos de violencia por parte de diversos actores. Los crímenes de odio perpetrados por grupos radicales formados por intereses religiosos, raciales o sexuales. La violencia física esporádica es una constante en las sociedades del siglo XXI. Muy pocos países se han salvado de ella. En Oriente, aquellos países en los que no se ejerce violencia física entre individuos, son los propios individuos los que ejercen violencia física contra sí mismos. 

Por último, la violencia política, aquella que ejerce por motivos de control y dominio sobre otro grupo. Este tipo de violencia, más clásica en otras épocas, será la responsable de configurar el panorama geopolítico de los años por venir. Estados Unidos debería ser el responsable de llevar la estafeta de occidente durante los siguientes años, sin embargo se ha topado con una serie problemas políticos internos. Žižek ha sido uno de los académicos que más ha hecho ruido al respecto. El autor menciona en Problemas en el paraíso (2016) los problemas que aqueja el mundo democrático liberal:

1. El problema del dinero fiduciario. El enorme endeudamiento del país debido a la creación infinita de dinero por medio de la Reserva Federal. 

2. La división política interna tanto de los partidos políticos de EUA, así como de sus seguidores que mostraron un enorme desastre en las elecciones del 2016 en el que un presentador de reality show multimillonario resultó electo presidente de la nación. 

3. La terrible política externa que ha tenido Estados Unidos. Una constante lucha por el dominio comercial con China, una posible guerra nuclear con Corea del Norte y un diálogo terrible con sus vecinos y aliados europeos. Estados Unidos no ha sabido transmitir sus ideales políticos a países con transformaciones políticas (como los países de la Primavera Árabe) y ha optado por políticas económicas proteccionistas al ver reducida su clase media. Incluso México ha logrado más tratados de libre comercio que su vecino del norte. 

Žižek considera que los países que años atrás portaban la bandera del desarrollo y el crecimiento económico, hoy en día están perdiendo fuerza. Esto debido a que la pobreza ha disminuido en gran parte de los países del mundo y las expectativas de una mejor vida ha aumentado en todos estos: 

“La gente no se rebela cuando <las cosas están mal>, sino cuando sus expectativas se ven defraudadas…Éste es el problema del desarrollo y el progreso: son siempre irregulares, dan pie a nuevas inestabilidades y antagonismos, generan nuevas expectativas que no pueden satisfacer. En Túnez o Egipto, justo antes de la Primavera Árabe, la mayoría probablemente vivía un poco mejor que hace décadas, pero el nivel con el cual medían su (in) satisfacción era mucho más alto” (Žižek, 2016)

Todos aspectos desembocan en actos de violencia política. El alto endeudamiento americano –considera Sloterdijk– podría conducir en algún futuro en un posible impago por parte del deudor (2015) y un posterior acto violento de una facción política[6]. Por otro lado, una división política podría ser la causa de una secesión de estados en décadas posteriores. Anteriormente mencionamos a Texas y California como los que más han hablado sobre el tema. Esto causaría, seguramente, una serie de actos violentos por parte de algunas de las facciones políticas. 

Y por último, las acciones de política exterior realizadas por el gobierno en turno. Con la llegada de Donald Trump al poder, el encono hacia el país americano podría continuar. La estabilidad geopolítica podría ponerse en riesgo si alguno de los países desafiante a Estados Unidos como China y Rusia se enemista por una decisión mal tomada. Hasta el momento hemos visto atisbos de esta posibilidad con los bombardeos llevados a cabo por Trump en Siria. 

3. Filosofía política

Hasta el momento hemos mencionado a Žižek, Byung-Chul Han, Agamben y Sloterdijk como intelectuales del siglo XXI. Sin embargo, hemos dejado de lado otros que también están interviniendo tanto en el panorama académico como en el político: Badiou, Habermas, Rorty, Vattimo, Butler, Laclau, Negri, Dennet, Singer, Ranciére, Appiah, Pogge, Benhabib y otros que siguen aportando a la discusión tanto de la filosofía política, como al tema del género, la ideología marxista, el ecologismo, la desigualdad, el naturalismo e incluso la física cuántica. 

Žižek sigue considerando al capitalismo como el principal problema del mundo. Mientras que Habermas habla  del consenso racional entre naciones, que debe tener prioridad en la discusión académica, a la vez que Negri (2010), Vattimo (2006) y Laclau (2008) observan cómo serán las nuevas formas de resistencia moderna. Cada uno parte desde diversos principios teóricos. Žižek, utiliza a Lacan y al marxismo para entender los fenómenos del siglo XXI. Habermas parte de la teoría kantiana, el materialismo histórico y su propia teoría de la acción comunicativa. Mientras que Negri, Vattimo y Laclau usan de base al marxismo para la crítica y la acción política. Algunos de estos autores parten del análisis y desde ahí se dirigen a la propuesta de acción. Gran parte de ellos tratan de minar la declaración de Fukuyama en El fin de la historia y el último de los hombres (1992) e incidir en aspectos de la sociedad occidental que consideran necesario cambiarse. 

No podemos dejar de lado, también, las nuevas corrientes del feminismo. Con Judith Butler como una de las principales representantes teóricas, la teoría queer ha generado una serie de debates en torno al género. Butler se enfoca bastante en los debates psicoanalistas (principalmente Lacan) para establecer su concepción del género. Apoyándose en Derrida y su teoría deconstruccionista, la autora considera que el género es una construcción socialmente impuesta a los individuos. Butler considera que deben establecerse nuevas identidades políticas de género, no darse por sentadas. Es decir, establecer más identidades que ven más allá de la división mujer/hombre. Estos planteamientos han generado una tercera ola del feminismo que ha tenido una fuerte injerencia política en los países anglosajones del mundo. Movimientos políticos llevados a cabo por estas feministas constructivistas han hecho que se aprueben leyes para que las minorías sexuales tengan su representación en la sociedad. Suecia, Canadá, España y el Reino Unido han sido algunos de los países que más han implementado políticas de género basadas en los postulados del feminismo de la tercera ola. Esto, por supuesto, ha traído una serie de críticas tanto del punto de vista académico, como desde el punto de vista político. 

Y es que las ciencias sociales de hoy en día poseen una enorme influencia del posmodernismo, el constructivismo social, el psicoanálisis y la biopolítica de Foucault. El posmodernismo, después de haber tenido su auge a finales del siglo XX, ha perdido una gran cantidad de seguidores debido a los acontecimientos sucedidos el 11 de septiembre, los ataques terroristas y la decadencia de ciertos países de primer mundo, por lo que autores como Huntington(1998), consideran que el choque entre civilizaciones(y por lo tanto, los grandes relatos) sigue presente, y lo que vivimos hoy en día es más bien un modernismo tardío y no un posmodernismo como suelen sugerir. De igual forma, el posmodernismo ha sufrido una serie de críticas desde el punto de vista epistemológico, sobre todo, en el aspecto referente al relativismo de la verdad y la objetividad. 

El constructivismo social ha tenido también una fuerte oposición por parte de diversos grupos académicos. Su principal crítica se basa en el aspecto reduccionista de la realidad como ente social. John Searle (1997) ha sido uno de los teóricos que mayor contrapeso ha hecho la postura constructivista al afirmar que existe una realidad totalmente independiente de nosotros. Esta postura y la de otros naturalistas como Steve Pinker han refutado los argumentos de Judith Butler y su feminismo de género. Tanto en el aspecto epistemológico como el biológico. Razón por la cual existe una discusión abierta y viva respecto al futurismo del feminismo como movimiento teórico, ideológico y político. 

Además de estos debates, el psicoanálisis continúa siendo instrumento teórico tanto de filósofos como politólogos. Tres de los autores mencionados inicialmente (Žižek, Sloterdijk, Byung-Chul Han) tienen una fuerte influencia de esta corriente de la psicología. Si bien, el psicoanálisis ha tenido un enorme avance desde Freud, también ha sido blanco de críticas por parte de filósofos de la ciencia. Esta crítica se basa principalmente en el factor interpretativo de la teoría. Todo análisis freudiano depende principalmente de buscar pruebas que afirmen su teoría y no que la refuten. Karl Popper fue uno de sus críticos más fuertes en el siglo XX y los estudios neuropsicología del siglo XXI ha delegado al psicoanálisis a una condición de pseudociencia. 

Pensar en estas críticas hace tambalear parte del edificio teórico de los tres autores mencionados anteriormente. Ya sea Lacan o Freud, el psicoanálisis no ha perdido su vigencia como herramienta interpretativa de fenómenos sociales, sin embargo, para muchos académicos, esta corriente psicológica juega en la misma cancha de pseudo veracidad e ilógica interna que el constructivismo y el posmodernismo. 

Por último, tenemos el legado de la biopolítica de Foucault. Su importancia para la filosofía política del siglo XXI se revela en la gran cantidad de seguidores que construyeron su teoría bajo sus postulados. El concepto es utilizado de forma indirecta y se refiere principalmente a las formas de micro poder ejercidos por un sistema a fin de controlar la vida humana. Es esta biopolítica la que permite el funcionamiento de la sociedad liberal. A través del deseo, la búsqueda de la felicidad, y el autocastigo por no soportar las exigencias, el sujeto de la modernidad pierde la noción de lo público en pro de lo privado y personal. La biopolítica permea todas las áreas de la vida humana y determina las condiciones de la sociedad en la que habita. 

Dos puntos clave a entender en la biopolítica de Foucault: 
1. No ofrece una alternativa a las formas de control predominante.
2. Se enfoca en las formas sutiles del control sin destinar mucho tiempo a los controles macrosociales que aún existen en las sociedades modernas. Foucault, por una parte, nos coloca en un laberinto sin salida. A diferencia del micro poder, el control que ejerce un ente político bien definido es observable a primera vista. Las críticas que hacen Byung-Chul Han y Žižek a las sociedades actuales solo son observables bajo el bagaje teórico foucaultiano y lacaniano. Esto plantea un problema epistemológico de primer orden: Si todo lo que observamos son formas de poder, ¿Cómo podemos saber que acción social es distinta de otra? Es decir, ¿cómo podemos diferencias las formas de poder que afectan la sociedad de aquellas que existen, pero son irrelevantes para la misma? 

Algo similar pasó Freud y la motivación de la psique por el deseo sexual. A primera vista, todo acto social parece estar fundamentado en el placer. Sin embargo, Sloterdijk y otros autores contemporáneos establecen que existen otros motivantes psicológicos para hacer la guerra o la política. Estudiosos de otras áreas del conocimiento (como los etólogos) han observado que los motivantes de parientes biológicos cercanos al ser humano tienen más de un objetivo en sus acciones. La Ira, por ejemplo, puede ser observada en simios y otros mamíferos. Žižek fundamente gran parte de sus posturas en los conceptos lacanianos de lo Real y lo simbólico. Para Lacan, el sujeto siempre está falto de algo (Santiago, 2012). La eterna falta de completitud en el ser humano lo hace buscar nuevas formas de trasgresión de lo Real. Es por eso que Žižek considera que el capitalismo no es el final del camino y otras formas de organización económica pueden surgir en el futuro. La biopolítica, es, por lo tanto, una herramienta para criticar lo existente y abrirse paso. 

¿En que influirá esto en la geopolítica del siglo XXI? 

Hasta dónde hemos podido observar, la hegemonía del sistema económico actual está generando puntos de contrapeso crítico que afectan de forma directa la agenda política de los más educados en el tema. Si los postulados que afirma Agamben son ciertos, todos los estado-nación que gobiernen en el futuro, harán uso del estado de excepción para mantener el poder, ya sea Estados Unidos o China. Todas las obras de ciencia ficción que se observan hoy en día juegan con la idea de las sociedades humanas después de la organización existente. Ya sea Orwell, Huxley o los escritores de The Walking Dead, el soberano y el poder político serán una constante en los años por venir. A menos que la organización humana dependa más de las máquinas y menos de las decisiones políticas de sus gobernantes, estaremos entonces antes un futuro más alentador.

 Bibliografía
Byung-Chul, H. (2016). Topología de la Violencia. Madrid: Herder.
Fukuyama, F. (1992). El Fin de la historia y el último hombre. México: Planeta.
Huntington, S. (1998). El Choque de las Civilizaciones. México: Paidós.
Laclau, E. (2008). Debates y combates : por un nuevo horizonte de la política. México: Fondo de Cultura Económica.
Negri, T. H. (2010). Imperio, multitud y sociedad abigarrada. Buenos Aires: Waldhuter.
Rothman, L. (16 de Mayo de 2016). Time. Obtenido de Texas Secession Is Not a New Idea: http://time.com/4329364/texas-secede-history/
Santiago, A. S. (2012). Filosofía del Siglo XXI. Buenos Aires: Era Naciente.
Searle, J. (1997). La Construcción de la realidad social . Barcelona; México: Paidós.
Sloterdijk, P. (2006). Ira y Tiempo. Madrid: Turolero.
Sloterdijk, P. (2015). Los Hijos Terribles de la Edad Moderna. Madrid: Siruela.
Tyrrel, E. (17 de November de 2016). Spectator. Obtenido de California the New Redoubt of Secessionism?: https://spectator.org/california-the-new-redoubt-of-secessionism/
Vattimo, G. (2006). La interpretación del mundo :cuestiones para el tercer milenio. México, Barcelona: Anthropos.
Žižek, S. (2016). Problemas en el paraíso: Del fin de la historia al fin del capitalismo. Barcelona: Anagrama.






[1] Tomando en cuenta el acercamiento que ha tenido Estados Unidos con Cuba, el estado de inanición en el que se encuentra Venezuela y la posible desaparición de Corea del Norte por razones militares.
[2] Los tres países parecen estar más activos militarmente hablando en el ciberespacio que de forma convencional. En las elecciones de Estados Unidos en el 2016, se acusó a Rusia de intervenir en las preferencias del electorado americano mediante la salida a luz de escándalos protagonizados por Hillary Clinton.
[3] Mutual assured destruction
[4] Dos de los casos más hablados fueron Texas y California. (Rothman, 2016; Tyrrel, 2016)
[5] Difiero principalmente por el hecho de que estos mismos “aparatos de control” son los que han liberado la expresión humana y cultural a niveles nunca antes visto. A pesar de que los países dominantes ejercen una fuerte presión cultural sobre otros por su enorme industria, otros pueblos que anteriormente fungieron como periferia han tenido una mayor difusión de sus conocimientos y comportamientos locales. India, México, Corea, Singapur, Argentina, Chile y otros son más internacionalmente conocidos que antes.
[6] De hecho, en época de Obama, el gobierno americano permaneció cerrado durante varios días (oct-nov 2015) debido a una falta de acuerdo entre demócratas y republicanos para aceptar el presupuesto del siguiente año. Esto debido a que los republicanos no querían seguir elevando el tope de la deuda americana.